viernes, 13 de enero de 2017

Por qué escribo poemas

Pues la verdad es que no lo sé. Tal vez es una osadía imperdonable, ya que no me considero poeta y además no tengo criterios para juzgar si lo que hago es bueno.

Me gusta mucho la poesía. La considero la culminación del arte literario, que busca directamente la belleza de la palabra y la evocación de imágenes, emociones y sensaciones procedentes de todos los sentidos. Además de la pura reflexión filosófica. Realizada siempre con la mayor economía de medios posible, lo que significa que cada palabra de un poema está en su sitio justo y de ninguna manera puede sustituirse por un sinónimo, porque esto significaría que esa palabra sobra.

La poesía es hija de la música. Nació a raíz de las canciones y a lo largo del tiempo ha mantenido una métrica y una rima, que aún hacían más difícil el arte poético. Con el verso blanco y el verso libre se liberó de esas cadenas, buscando su esencia en sí misma. Yo, como poco “versado” en poemas, aún amo la métrica y no desdeño la rima, aunque no las necesite.

He escrito muchos poemas y me ruboriza publicarlos, aún así lo he hecho en varias ocasiones, que pueden verse en este mismo blog bajo la etiqueta de poesía. Prueba de esa inseguridad al publicarlos es que en todas esas entradas el poema en cuestión está profusamente comentado, como si le hiciera falta al arte poético alguna acotación en prosa.

Bueno, yo me defiendo con San Juan de de la Cruz, que glosó su obra poética para que fuera comprendida por las monjas a las que iba dirigida.

(Pero aún así sobraba la prosa… Así que corto y voy al grano)

Por qué

Porque mis pasos me llevan
a destinos no trazados,
viviendo a ratos feliz
a pesar de lo que sé.

Porque pocas cosas sé
con todo lo que he vivido
y además me duele el alma
sin saber si el alma existe.

Porque la belleza existe
y me llena de esperanza,
apaciguando el temor
al ocaso de la vida.

Por todos estos motivos
y además aquellos otros
que me son desconocidos
me atrevo a escribir poemas,
brindando a que sean leídos.

Poema publicado en “Y lo demás es silencio Vol-2. Antología de Poesía Española Contemporánea”, diciembre 2016, Chiado Editorial, Lisboa, Portugal.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Recapitulando 2016

Ya estamos aquí, al final de otro año y toca hacer balance de este blog, para dar pie al que quiera a repasar las entradas en orden a las etiquetas y para que yo mismo pueda valorar lo que ha dado de sí 2016.

Comencé el año con un relato, La conquista, y lo acabé hace un par de semanas con tres en mi última entrada. No ha sido intencionado, pero es algo que me gusta, ya que en después de todo este es el blog de un escritor. En marzo publiqué Reo de muerte, un alegato pacifista. En abril El Tontódromo, una mirada llena de añoranza y sentido del humor al pasado reciente de mi ciudad. Este relato procede del libro publicado en 2015 “El mundo según los abulenses” y está en la lista de los más leídos de este blog. En junio fueron Tres microrrelatos y medio, que fueron sacados de mi cajón para darlos a conocer, ya que estaban sin publicar. Quisiera algún día recopilarlos todos, junto con otros inéditos y publicarlos en un libro; pero es un deseo, ya veremos. En septiembre saqué otro de los relatos de “El mundo según los abulenses”, esta vez fue El arte en las rotondas. Por último Tres micro relatos para estas fiestas, donde exploré los sentimientos “de estas fechas”, intentando huir de la sensiblería, que no sé si conseguí.


Tres reseñas de libros ha habido este año. La primera en abril, El mundo según los abulenses II, sobre el segundo libro colectivo de la Asociación “La sombra del ciprés”. En agosto una reseña sobre dos novelas que me gustaron mucho y que tienen muchos puntos en común a pesar de sus evidentes diferencias: “Las montañas azules”, de Begoña Ruiz Hernández, y “Tres tazas”, de María Eliezer Bordallo Huidobro. La entrada la titulé De las montañas azules a las tres tazas. Y  este pasado mes de noviembre tuve el placer de presentar la novela de mi amigo César Díez Serrano, Conspiración en Londres, que reseñé encantado.

Tan solo ha habido una entrada con lo que yo denomino “vida literaria” y ha sido el reportaje gráfico de la II Gala de Premios Literarios “La Sombra del Ciprés”.

He “reflexionado” en tres ocasiones. Islamofobia es un artículo del que me siento especialmente orgulloso. En La vida dentro de las redes sociales traté el tema del cambio de relaciones sociales que las tales han provocado. Y en A vueltas con la hora hablé sobre lo mucho que me cabrea un tema menor, como que los horarios oficiales del país no sean reales.

He sacado “mi poesía” este año en una ocasión, con el título de No aprendemos, donde glosé un poema pacifista que titulé “Antes de que se agote mi voz”. Solo por esta entrada, para mí ya tiene sentido que publique este blog.

De mi ensayo sobre la narrativa gráfica tengo cuatro capítulos más, que recomiendo a los que estén interesados en el tema, advirtiendo que mis ideas no son ortodoxas. El material con el que se fabrican los sueños, ¿Existieron tebeos en la Prehistoria?, Los primeros tebeos de la Historia I y Los primeros tebeos de la Historia II.

Sobre la defensa de nuestro idioma, en febrero publiqué Ojalá España quede la última en Eurovisión. Después de dicho festival, en mayo, publiqué Y España quedó la veintidós de veintiséis para mi gran satisfacción y en el mes de julio saqué Mi propuesta sobre la reforma de la ortografía.

He escrito sobre política dando mi visión de las cosas con una entrada titulada Hacia dónde vamos.

Termino mi recapitulación con la que es para mí la más sentida de todas las entradas de este año y aún de este blog. Publicada a finales de febrero, en ella narro una historia personal, en la que yo fui amenazado de muerte por un energúmeno fascista, debido a la defensa que hice, junto a otra gente honrada, para conservar unos restos arqueológicos, que cuentan mucho de lo que fuimos en este país, El cementerio de los moros. Entrada que surgió a raíz de la presentación de la película “Maqbara” del periodista José Ramón Rebollada, el cual perdió su puesto de trabajo en esta ciudad “atascada”, por el hecho dedicarse a hacer documentales en los que demostraba la iniquidad en sus actuaciones culturales de los caciques que gobiernan esta provincia desde tiempos que se pierden en la memoria. Muchas gracias, Jota, por contar mi pequeña historia en tu película, que surgió de la honrada investigación periodística. Con toda mi solidaridad y mi afecto te dedico todas las entradas de este año.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Tres micro relatos para estas fiestas

OTRO CUENTO DE NAVIDAD

Este año sí que el belén es verosímil y tiene un aspecto inmejorable, mejor que ninguno de los que he montado en años anteriores. Incluso el agua corre por el río y éste tiene un puente. Está todo lleno de luces dispersas por todo alrededor y el fuego crepita. También hay nieve y hojas de árbol por el suelo. El único inconveniente es que pasaré frío bajo ese puente, pues es mi primera Navidad tras el desahucio.

(Inédito)

AVENTURA URBANA    

Él estaba perdido en una ciudad desconocida, pero conseguiría llevar a cabo su misión, pensó que su juventud y sus habilidades acabarían por conducirlo al lugar de destino. Tenía escrito en unos caracteres ininteligibles una dirección, sin embargo no quería esforzarse en preguntar a esas gentes que le miraban como a un ser extraño y que serían incapaces de comprenderle. Se dio cuenta entonces de que llevaba en la mano la herramienta que le habían entregado para completar su cometido, pero estimó que no la utilizaría, pues ni siquiera sabía para qué diantre servía. Así que, con disimulo, la dejó en el suelo y siguió caminando. Por fin vio en la pared un letrero. Los signos, unos redondeados, otros picudos y otros cuadrangulares, prácticamente eran idénticos a los del salvoconducto que llevaba. No cabía duda, había llegado. Levantó la cabeza del papel y descubrió aquel rostro que le resultaba familiar. Era una mujer regordeta y madura, de al menos sesenta años. Ella también lo reconoció y se le acercó gritando:

—Papá, ¿cómo te tengo que decir que no salgas del parque? Puedes extraviarte¼ ¿Y dónde has dejado tu bastón?

(Publicado en “Avilapluma”, Asociación Ávila Abierta, Ávila, noviembre de 2013)


LEÓN

Me llamo, o mejor, me llaman León y aunque algunos piensen que yo no debería estar hablando lo estoy haciendo. O más precisamente me estoy expresando, porque hablar, hablar, no hablo, sino que ladro, ya que soy un perro. Pero ladrando me hago entender perfectamente.

Vivo en la calle, pero no soy un perro callejero, porque tengo amo, y mi amo tiene una casa, donde dormimos los dos. Yo cómodamente en el lugar privilegiado que él llama sofá y él… No lo sé con precisión. Se mete en su cuarto donde tiene un sofá que es plano y ancho, creo que lo llama cama, aunque no es tan cómodo como el mío.

Nos pasamos el día en la calle, porque mi amo es un músico famoso y le regala su arte a la gente. Toca un violín, sentado en la silla de ruedas en la que se desplaza —pienso que es muy vago, porque no se pone nunca en pie y se aguanta en los brazos para moverse de la silla al sofá—. Mientras toca yo suelo dormirme plácidamente mecido por su música. ¡Si no fuera por la molestia del ruido que hace la gente arrojando monedas en una lata que pone en el suelo!

Mi amo es muy bueno conmigo, pero en la calle no todo el mundo es bueno. Hay un niño malo que pasa todos los días camino del cole que, disimuladamente, suele arrearme un puntapié, despertándome. Yo lo desprecio, no haciéndole caso.

Sin embargo hay otro niño que es tan bueno como mi amo. Todos los días cuando me ve corre a acariciarme el lomo, soltándose de la mano de su padre, y me obsequia con una galleta de las que sabe que me gustan. Se ríe mucho y me llama guapo. Él sí que es guapo y bueno. Luisito, le llama su padre, aunque su apellido no lo entiendo, debe ser extranjero. Un día le oí que le explicaba su padre a una señora que era “Síndrome de Down”.

(Publicado en “Certezas”, Pronisa, Ávila, diciembre 2016) 

lunes, 28 de noviembre de 2016

Conspiración en Londres


El 5 de noviembre de 2016, a la hora británica del té –cinco de la tarde, aunque en España eran las seis por capricho de un dictador que prefería ajustar los horarios con la Alemania hitleriana–, en un pub irlandés, The Ha’ Penny Bridge Iris Pub, y en una tarde gris y lluviosa, se celebró una de las principales fiestas británicas, La Noche de Guy Fawkes,  que conmemora el fracaso en 1605 de la Conspiración de la Pólvora –Gunpowder Plot–, en la que un mercenario llamado Fawkes, intentó volar el Parlamento Inglés, con los parlamentarios y la familia real incluida, pero que acabó solo con él, como cabeza de turco de un complot que quería devolver el catolicismo a las heréticas Islas Británicas. Este mercenario que luchó con los Tercios españoles, es  más conocido aquí por la máscara de “V de Vendetta” o de Anonymous,  y bajo esa máscara quiso César Díez Serrano presentar la conclusión de su trilogía de novelas de “La Edad de Acuario”. Trilogía que no tiene por qué quedarse en tal, ya que algunos esperamos que se convierta en tetralogía o tal vez en “decalogía”, para seguir disfrutando de las andanzas del reportero gráfico Marcos Guillem como un Tintin contemporáneo.

En primer lugar agradezco a César el haber confiado en mí para presentar, junto a él y a Alfredo Rodríguez, su novela, lo cual ya es todo un acto de temeridad. Aunque lo más brillante de la presentación estuvo en el vídeo que él mismo elaboró con comentarios de mucha gente impresentable, que acabó arrancando las risas de todos los presentes.

La Edad de Acuario, primero de los libros,  hace referencia al tiempo cósmico que astrológicamente estamos iniciando y tiene sus implicaciones en forma de teorías esotéricas. Con este acontecimiento César construyó una novela de suspense y crímenes, un libro de viajes, una historia de amor no correspondido y un libro de reflexiones políticas y, apurando, hasta deportivas. Llevando a los protagonistas de Madrid hasta Londres, con una detallada descripción de escenarios que trasladan la experiencia que tiene el autor sobre esos lugares.

Después de La Edad de Acuario, César publicó El misterio de Ana Bolena. Tomando esta vez como referente histórico a la esposa de Enrique VIII decapitada por capricho tiránico, lo cual llevó a su reino a separarse de la iglesia de Roma, la cual le negaba el divorcio. El argumento policíaco sobre el robo de unos cuadros lleva de nuevo a Marcos Guillem a Londres y a París, donde se presenta a un estrambótico personaje de nombre Jean François y de apellido hispánico –Hernández–, circunstancia que no le impide tener inquina a todo lo que venga de más abajo de los Pirineos, como nuestro protagonista fotógrafo.

Conspiración en Londres, con la que concluye la trilogía, continúa la forma narrativa de toda la saga, con dos personajes que nos hablan en primera persona, como el que le está contando la historia a un amigo, que son el fotógrafo Marcos Guillem y, esta vez, la pelirroja irlandesa Eileen O’Connor. Mujer interesante, que cae en una vorágine de citas indiscriminadas con posibles parejas, acuciada por el temor de que se le pasan los años sin tener alguien al lado, lo que le lleva a más de una situación peliaguda.

César nos vuelve a llevar por las calles de Londres y de París, ampliando la geografía a dos localizaciones belgas que también le son queridas al autor, como son Bruselas y Gante.

El argumento de Conspiración en Londres parte del robo de una joya que hereda una aristócrata belga y su posterior asesinato, en cuya investigación se ve implicado el periódico londinense Gloucester Post, al cual acude nuestro fotógrafo cuando es despedido del madrileño Crónica Hoy. Aparte de la relación del argumento con la referida conspiración de la pólvora, César nos trae a colación otros acontecimientos actuales, como son la emigración forzada de nuestros jóvenes más preparados a causa de la precariedad laboral en España,  o la reconversión minera que provocó la crisis social de los años ochenta del pasado siglo, con el gobierno de Margaret Thatcher. Además de otros temas como la ascensión al poder de líderes populistas que con recetas simples atraen los votos de los desencantados o  teorías conspiranoicas como El Club Bildelberg. Y todo eso aderezado con la descripción de paisajes –la saga funciona como una buena guía de viajes–, investigación periodística, toques de humor y asesinatos. ¿Qué más se puede pedir?

Esta última entrega tiene la novedad de incluir unos códigos QR con los que fácilmente se pueden ver vídeos de los escenarios descritos, que han sido grabados por el propio autor.

Solo me queda una recomendación, además de leer esta novela, visiten el Gloucester Post. No el periódico en el que trabajan los protagonistas, sino la página que ha creado César, donde con mucho sentido del humor repasa temas abulenses que les harán echar unas risas.


P.S.: Para mi amigo Juan, Pepito Grillo de mi conciencia: esta vez no he podido evitar los anglicismos, pero el tema lo requería. Sorry!

martes, 15 de noviembre de 2016

II Gala de Premios Literarios La Sombra del Ciprés


Cuando nos embarcamos, allá por 2014 -o sea, ayer- en la creación de una asociación cultural que denominamos "de novelistas", no teníamos muy claro a dónde queríamos llegar, ni cuál sería su futuro. La comenzamos tres, César, Alfredo y yo, pero no tuvo auténtico sentido hasta que la abrimos y la refundamos, con la integración de gente muy valiosa, ya en 2015. No todos con la misma implicación, pero con el suficiente número de gentes activas, como para realizar cosas importantes.

Y son las actividades que vamos realizando las que nos están dando sentido y definen qué es lo que somos. El año pasado, sin tener muy claro cómo, decidimos otorgar unos galardones que reconocieran la labor de las personas e instituciones que se vuelcan por la cultura en nuestra ciudad, Ávila, además de destacar a un escritor reconocido en el ámbito nacional, que poseyera los valores en los que deseamos vernos reflejados los escritores que aspiramos a serlo.

Aquella gala del año pasado, de la que ya dejé constancia en este blog, nos dejó tan buen sabor de boca, que este año lo hemos dado todo para superarnos. Y creo, sinceramente, que lo hemos logrado. No por los premiados que se lo merecen tanto como los del año pasado, sino porque hemos pulido errores, hemos mejorado el presupuesto y todo ha resultado más "profesional". Bien, ya tenemos claro qué es lo que debemos hacer, así que el año que viene, sin duda, realizaremos la tercera edición, eligiendo tan bien como en las dos primeras quiénes serán los que merezcan el premio.

Yo tan solo quería dejar aquí un documento gráfico resumido de lo que esta segunda edición ha dado de sí. No son las mejores fotos, ni las más representativas -había verdaderos profesionales que las harán públicas en breve- tan solo son las fotos que saqué yo, y que no tienen más valor que ese.

II GALA DE PREMIOS LITERARIOS "LA SOMBRA DEL CIPRÉS" ÁVILA 2016

Los cinco premios, más una mención especial

Los presentadores: Daniel García-Moreno y Paula Velasco

Vídeo sobre la Feria del Libro, presentando a la Asociación

El discurso institucional de nuestro presidente César Díez Serrano

La Teniente de Alcalde de Cultura Sonsoles Sánchez-Reyes

Primer premio "El Camino", para la Biblioteca Pública de Ávila

El historiador, abulense de adopción, Serafín de Tapia

Segundo premio "El Tesoro", para la Cadena SER de Ávila, recoge Luis Sánchez

Una sorpresa: Mención especial al periodista José Ramón Budiño

Belén Herrero Cembellín, Presidenta del Casino Abulense

Tercer premio "Madera de Héroe" otorgado por el Casino Abulense a Patricia Picazo

La actriz abulense Sara Heras

Cuarto premio "El Hereje", para la Librería Senén

Vídeo sobre nuestros libros y el frío de Ávila, interpretado por Ismael López con guión de Gillermo Buenadicha

José C. Vales, Premio Nadal 2015 y Premio La Sombra del Ciprés 2015

Quinto Premio "La sombra del ciprés" para el escritor bilbaíno Mikel Santiago

La música: el grupo de música celta CEOLISH

Los premiados con nuestro presidente

La prensa

Y el photocall
Y así nos despedimos hasta el año que viene, pero no puedo concluir y dejar sin mencionar a mis compañeros del que conformamos para preparar la gala,  los cuales acabamos satisfechos del trabajo realizado, del resultado y de la receptividad del público a nuestras propuestas: Paula Velasco, Carolina Ares, Lara Rodríguez (que preparó los vídeos, pero que no pudo estar presente), Pablo Garcinuño, Guillermo Benadicha y José Luis Lázaro. Los medios técnicos los puso Alquimia y el adorno floral Don Zoilo, colaborando además Gestoría Velasco, Observatorio Activo Ávila 1131, Hotel Cuatro Postes y Librería Letras.

Miembros de "La sombra del ciprés", junto a los premiados. (Foto que tomo prestada a SonsolesSánchez-Reyes)

lunes, 31 de octubre de 2016

A vueltas con la hora

Tal vez parezca un tema menor, pero no deja de tener su importancia y hay que meterse en todos los charcos, así la vida es más entretenida.

Nos dicen que con el cambio de hora del otoño los días serán más cortos y que anochecerá antes, pero no es cierto, nos engañan. Lo que ocurre es que llamando a la hora de forma diferente nos levantamos una hora más tarde. Antes nos levantábamos a las ocho y ahora a las ocho las llaman las siete, así que nos levantamos a las nueve, a las que ahora las llaman las ocho. ¿Me explico?

¿Por qué nos engañamos? ¿Por qué cambiamos el nombre de la hora real en la que vivimos? ¿Para ahorrar energía? ¿Para tener más horas de sol? ¿Para que anochezca antes? ¿Para amanezca antes? Todo es mentira y eso es lo que me hace rebelarme.

Vivimos en determinado huso horario, y la hora de la Península Ibérica coincide con la del Reino Unido y con la de Portugal, ya que por la Península y por el Reino Unido pasa el Meridiano de Greenwich. El hecho de que no tengamos la misma hora oficial no es más que una estupidez sin sentido.

En verano, los que nos levantamos a las ocho de la mañana (que cada cual lo sustituya por su hora), en realidad lo estamos haciendo a las seis. Esa es la verdad. Así el resto de los países europeos dicen que los españoles somos unos vagos que no madrugamos. Y no es cierto, madrugamos tanto o más que ellos, solo que nos mentimos llamando ocho al seis. En invierno desde el último fin de semana de octubre retrasamos los relojes una hora y tan solo tenemos ya una hora de diferencia con la hora real, y por ello sigue siendo mentira. Ahora nos levantamos a las siete, pero le llamamos las ocho. No es más que un engaño al que nos fuerzan las administraciones.

Esta hora de diferencia del invierno es una estupidez, que se le ocurrió al dictador Franco, en los años cuarenta del siglo veinte para congraciarse con su amiguete Hitler y tener la misma hora que Alemania, que está mucho más al este. Así, si las tropas germanas ganaban la guerra y venían “de visita” no tenían que modificar sus relojes. Y Hitler y Franco podían hablar por teléfono antes de cenar, ya que sus criados podían servirles el consomé a la misma hora.

Años más tarde, en 1974, con la crisis del petróleo, a las administraciones europeas se les ocurrió cambiar la hora de verano para ahorrar energía prolongando las horas de sol. Otra estupidez donde las haya. Por mucho que se cambie la hora no se alarga el tiempo que permanece el sol. ¿No sería más fácil adelantar los horarios? Por ejemplo: Desde el último sábado de marzo las fábricas abrirán a las siete en lugar de a las ocho. Y  así con las administraciones, los comercios, los transportes, etc. Es decir, si se piensa que se aprovechan más las horas solares, se adelantan los horarios y no tenemos necesidad de engañarnos. De todas formas, esta medida es cuestionable como ahorro de energía, pero no voy a discutirlo, que ya lo han hecho otros.

Para complicar el tema, en Baleares y Valencia, están luchando por conservar el horario de verano, es decir ir dos horas por delante de la hora natural en verano y en invierno, para que la hora de anochecer sea más tardía. Dicen que es lo mejor para el turismo. Pero tan solo hay que despejar las telarañas de la cabeza: Sí, anochecerá a las siete y media en lugar de a las seis y media, pero las horas de luz no se han movido un ápice, porque el hecho de cambiar la hora no consigue que el sol permanezca más tiempo alumbrando la Tierra. Que lo mismo da que la hora de anochecer se llame las seis de la tarde o las cuatro. Lo importante es levantarse antes. Pero levantarse antes de verdad, sin cambiar el nombre a la hora. Es cuestión de nomenclatura, no de que el sol dure más.

En fin, no quiero convencer a nadie, pero yo lo tengo claro. Cuando me jubile, si llega ese día para mí, dejaré de engañarme y pondré mi reloj en la hora solar, teniendo en cuenta que el resto del mundo vive en la mentira. Allá vosotros, majos.

Por si acaso deberé llevar un reloj supletorio con la hora falsa, para poder entenderme con mis vecinos.

domingo, 16 de octubre de 2016

No aprendemos

El libre albedrío, sobre el que tanto debatieron en tiempos medievales teólogos y filósofos, es una de las características más propias del ser humano racional.

Los animales están determinados por el instinto. Son instintos primarios los que les gobiernan de cara a la supervivencia, la comida y la reproducción. Y son otros instintos también los que les guían hacia la violencia o el juego. Pero el ser humano, que es libre de hacer lo que quiera, es capaz de lo mejor y de lo peor. Entre lo mejor está el amor desinteresado, el cuidado de los demás o las expresiones artísticas. Entre lo peor está el daño a sus semejantes.

Desde que la ciencia histórica nos puede contar los hechos, nos narran guerras, saqueos, matanzas, violaciones, destrucción… E incluso antes, las pinturas prehistóricas, ya nos muestran escenas de batallas. Es, por tanto, algo que está envenenando desde siempre el comportamiento de la humanidad, libre, y dueña del mundo. ¿Pero si somos libres, por qué seguimos haciendo guerras? Tengo mis respuestas, claro, pero no voy a darlas, tan solo quiero hurgar en la herida.

Una niña pequeña sacada de los escombros de un bombardeo en Siria, pateras y embarcaciones de gentes huyendo del horror, niños mutilados por bombas, países ricos impidiendo que escapen de la guerra quienes sólo quieren vivir. Ciudades arrasadas, muros levantados, bombas “inteligentes”. Francotiradores, batallas urbanas, saqueos, violaciones, torturas, mutilaciones, envenenamientos, zancadillas, tiranos, matatiranos… No son datos históricos, son portadas de periódicos de actualidad.

Hoy saco de mi cajón otro de mis poemas, que ya estaba cubierto del polvo de los años, pero cuya actualidad, por desgracia, nunca pasará. Hasta que el ser humano sea totalmente destruido por sí mismo. Es un canto a quiénes van en contra de las convenciones sociales, a los valientes desertores. Porque los otros valientes, los que hacen lo que se espera de ellos, que es intentar sobrevivir matando, no son tan valientes, tan solo son los tontos útiles, a los que se denomina héroes, por recompensar su estupidez. Ejemplo de ello lo tenemos en esos pechos inflamados de ardor guerrero que se confiesan novios de la muerte. Yo contradigo a su fundador y le doy la razón a quién se le enfrentó dialécticamente: “Viva la inteligencia y muera la muerte”. Ninguno de los que han vencido, han convencido, ya que ninguna guerra sirvió nunca para nada. Al final, después de dar la vuelta a la tortilla, arriba quedarán los ricos opulentos y abajo los pobres desgraciados.

 He tratado de reflejar gráficamente en mi poema el cansancio de milenios de violencia, que va agotando la voz del poeta, al cual aún le quedarán energías de gritar en los últimos estertores de la agónica vida de la humanidad.

Antes de que se agote mi voz.

¡Maldito sea el perro que desentierra
el hueso roído de la cruel guerra!

A los muertos en la batalla
se los tragan fosas comunes
y los cubre un árbol suicida,
que bajo tierra se alimenta
con sucia savia, ennegrecida
por cadáveres que fermentan. 

Nuestros amos exigen
que demos nuestra sangre.
Nos piden que luchemos
por patrias y por reyes,
y añaden que debemos
pelear por nuestras leyes.

Pero nosotros
nada ganamos.
Solo industriales
que armas fabrican
y generales
que prevarican.

¡Canallas
que guerras
persiguen
y en ellas
consiguen
estrellas!

Hoy
se cierne un
cielo plomizo.
Gritaré, si agonizo,
en mis últimos estertores:
¡Que vivan los valientes desertores!