martes, 14 de marzo de 2017

El orgullo de enseñar nuestra ciudad

A punto de sacar un nuevo libro colaborativo la Asociación “La sombra del ciprés”, quiero compartir un relato mío del anterior: “El mundo según los abulenses vol.2”.

Fue cosa de mis padres, que me dijeron que venían unos primos, que ni siquiera eran carnales, que vivían en Cádiz y que se acababan de casar, y yo tenía que enseñarles nuestra ciudad. Mi primera reacción fue de disgusto, porque esa tarde había quedado, pero luego me pudo el orgullo ya que, sabiendo lo hermosa que es Ávila, iba a presumir de lo lindo. Les dejaría con la boca abierta a esos andaluces inoportunos.

Fuimos andando para que pudieran disfrutar tanto del paseo como de las vistas. Durante el cual mi prima no abrió la boca, al contrario que mi primo, al que no había manera de cerrársela. Cada vez que lo recuerdo, me pongo de los nervios.

Entramos por la puerta de la Santa y les enseñé la fachada de la iglesia que tiene el convento, tan majestuosa, e incluso les hablé del arte Carmelitano precursor del Barroco.

–Para barroco hermoso, el de la Catedral Nueva de Cádiz –dijo mi primo–, que tiene una fachada luminosa y movida que desluce a esta tan recta y seca.

–Ya, ya –dije yo–, si aquí también tenemos Catedral, y una de las primeras del gótico, pero la veremos más tarde. En este lugar vivió Teresa de Cepeda, una de las grandes santas del catolicismo.

–¡Ah! Santos y cantos. ¿Es el lema de esta tierra, no? Claro…

Iba a responderle, pero no me dio lugar, ya que comenzó a hablarme del laicismo, del racionalismo, de la Ilustración y del avance de las ciencias, de las cuales su tierra era abanderada. Así que ni siquiera entramos en la iglesia. Debido a la deriva que tomó la conversación no me atreví a proponérselo.

Entonces subimos por el paseo del Rastro y les mostré las vistas del Valle Amblés, a lo que mi primo contestó describiendo las vistas que había desde la Punta de San Felipe en Cádiz. Y lo hizo de una manera tan gráfica que, aunque nunca he estado allí, me parece que ya lo conozco.

Pero esto no podía ser. Yo comenzaba a cabrearme en serio. A mis primos no parecía importarles el esfuerzo que yo estaba haciendo para mostrarles mi bonita ciudad, sino que cualquier cosa les servía como excusa para hablarme de la suya.

Mientras disfrutábamos de la placidez de caminar por el Paseo del Rastro en una tarde soleada apenas hablé, dándole ocasión a mi primo de describirme al detalle su tierra. Mi prima, sin soltar palabra y agarrada a su brazo, lo miraba con los ojos empañados de emoción. No sé cómo me di cuenta del detalle, ya que los míos, mis ojos, estaban fijos en el suelo, buscando una lata a la que darle una patada con intención de que él la rematara de cabeza.

Llegamos al Grande y les hablé de la espaciosa y soleada plaza, sin intención siquiera de criticar el Moneo… No hizo falta, mi primo me describió la magnífica plaza donde se encuentra el Ayuntamiento de Cádiz, que empequeñecía a esta.

Cuando entramos por la puerta de la Muralla, yo les mostré orgulloso la estatua pedestre de Adolfo Suárez y les dije que nuestro paisano es el que trajo la democracia a nuestro país y fue el artífice de la Constitución de mil novecientos setenta y ocho.

–Pues en Cádiz tuvimos la primera constitución de la Historia de España –respondió el primito, mirándome a mí en lugar de a la estatua, a la cual ignoró soberanamente–, la famosa “Pepa”, que fue la que de verdad trajo la modernidad a España, allá por mil ochocientos doce, cuando en la meseta aún estabais destripando terrones.

Decidí que había concluido la visita, que ya no iba a mostrarles más. Así que, para intentar olvidarlo, les llevé de tapas a costa de mi dinerito, que tan escaso rebaño en los bolsillos. Y, mientras se trasegaban un Ribera del Duero de crianza, con sus patatas revolconas y torreznillos, mi primo no dejó de hablar del la manzanilla y del Jerez, del atún pescado en almadrabas o de las malditas frituras de pescado.

Deseando concluir con esa peregrina experiencia, decidí subirles a las murallas, monumento majestuoso, que no tiene parangón en el mundo, incluido Cádiz. Pero ahí estaba mi primo a la que salta:

–Sabrás que todas las ciudades antiguas tenían murallas, y las más antiguas, como Cádiz que fue fundada por los fenicios hace más de tres mil años, ha tenido fuertes murallas para detener los ataques tanto por mar como por tierra. Así resistieron el asedio de los franceses, cuando la Guerra de la Independencia y ahí está, como si no pasaran los siglos, el castillo de Santa Catalina…

–No hace falta que paguéis –le corté la enésima disertación…–, yo os invito a la subida a la muralla.

Pero no se calló mientras yo pagaba, al igual que cuando luego salimos a las almenas. En lugar de mirar las arquivoltas de la Catedral o la majestuosa basílica de San Vicente, continuó hablando del castillo de Santa Catalina, del de San Sebastián, del Baluarte de la Candelaria, e incluso, sin venir a cuento, de los gigantescos Pilones de no sé qué y del nuevo puente sobre la bahía, con sus cinco kilómetros de longitud que dejaban pequeños a los dos kilómetros y medio que ciñen nuestra muralla.

Así que le juro, señor policía, que cuando mi primo se cayó por una almena fue algo fortuito y que yo no lo empujé. Seguro que estas gentes que viven al borde del mar no están acostumbradas a las alturas. Confío en que usted, que también es de Ávila, sin duda me comprenderá.

Si os ha gustado, podéis pinchar en estos dos enlaces de dos compañeros  con los que compartí libro, Paula Velasco y Sergio Sánchez, cuyos blogs os invito a conocer:


martes, 28 de febrero de 2017

Más allá del Darién

El pasado 17 de febrero tuve las satisfacción de participar en la presentación de la novela de Humberto Mendoza “Más allá del Darién”. Este simple hecho, además de mi amistad con el autor, serían motivos para no hacer una reseña de su novela y así no pecar de parcialidad; pero me atrevo a realizarla ya que, como dije allí, la novela me ha gustado sinceramente y para mí es un placer hablar de ella.


Humberto Mendoza Ruiz de Zuazu es un médico de origen nicaragüense que reside en Ávila desde hace unos cuantos años, ciudad con la que no tenía ninguna vinculación anterior. El hecho de encontrarse con un busto de su paisano Rubén Darío en el Jardín del Rastro, le hizo tenerle simpatía a su ciudad de acogida. Esta simpatía se intensificó con otro encuentro en el Jardín del Recreo, esta vez con un ídolo prehispánico, el cual fue regalado por el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica a la ciudad de origen del descubridor europeo del país centroamericano: Gil González Dávila, un abulense, militar y explorador, que se empeñó en localizar un canal que uniera el Mar del Norte (Caribe) con el Mar del Sur (Pacífico). Este encuentro y la comprobación del poco conocimiento que se tenía en Ávila de Gil, le llevaron a Humberto a investigar sobre su historia y el resultado es la novela que lleva el título de “Más allá del Darién. En busca del estrecho”.

Humberto Mendoza no escapa a su formación científica y el acercamiento que hace al tema es a través de la ciencia, la ciencia histórica. Recopila datos, realiza esquemas cronológicos, estudia genealogías, investiga en archivos, se pone en contacto con historiadores; pregunta y reconstruye, escribe y reescribe. Su objetivo es el conocimiento exhaustivo de la historia que persigue.

La novela comienza con un encuentro, que cronológicamente está en la mitad de la historia que se narra. El encuentro entre Gil González Dávila y el cacique Nicarao. Es un hecho histórico que el 5 de abril de 1523, en las costas del gran Lago Cocibolca, tuvo lugar la entrevista entre el explorador abulense y el cacique más respetado y con mayor poder de la zona. Se sabe qué es lo que preguntó Nicarao a Gil, pues lo cuentan las crónicas de la época y el autor lo reseña de una forma fidedigna y literal, debido a su afán de no falsear los datos ciertos que se conocen. Y de este episodio se tiene constancia porque el contador real Andrés de Cereceda estuvo presente y reseñó estas preguntas que luego recogieron las crónicas. Ciertamente Gil se sorprendió de la altura filosófica de algunas de las cuestiones, que versaban tanto sobre religión, como sobre filosofía o astrología. A modo de ejemplo referiré una: “Quiero saber sobre el soplar de los vientos, la causa del calor y del frío, y la variedad de los días y las noches y, si se puede sin culpa, comer, beber, engendrar, cantar, danzar, ejercitarse en las armas”.

A partir de este encuentro, que es minuciosamente relatado, no solo en cuanto a la entrevista, sino también por la descripción de los ejércitos y los pueblos implicados, se genera en el lector un interés por saber quiénes eran unos y otros. Cómo era el país centroamericano y cómo eran los conquistadores venidos de allende los mares. De estos hilos tirará el autor para describirnos ambas culturas, para ponernos en antecedentes de la vida personal de Nicarao y de Gil y para llegar al inicio de la expedición, que concluye con el famoso encuentro. Pero ahí no acaba la historia y desde ahí continuará Humberto contándonos qué es lo que pasó después. Qué ocurrió con la expedición de Gil y las luchas con los distintos pueblos centroamericanos y entre los mismos conquistadores, que no fueron menos cruentas que las otras.

Nos hablará de las dos posiciones que tomarán los caciques frente a los extraños visitantes, resumidas en el intento de pactar, que representa Nicarao, y el enfrentamiento más frontal que encarnará otro cacique, Diriangén. Nos narrará los derroteros de la guerra hasta la vuelta última de Gil a su patria. Nada más quiero contar del argumento, para invitar a conocerlo directamente a través de la lectura de la novela.

Pero sí que quiero reivindicar la figura de Gil, por su carácter conciliador y nada sangriento, en oposición al tirano monstruoso que fue su oponente, Pedrarias. También son reseñadas otras figuras históricas como Núñez de Balboa, Pizarro, Francisco Hernández de Córdoba, el capitán de Cortés Cristóbal de Olid o el mismísimo Hernán Cortés. Humberto nos da cumplida información de lo ocurrido, rellenando las lagunas –licencia literaria– con la imaginación. Narrando, por ejemplo, la infancia de los protagonistas o las conversaciones entre el joven Gil y el obispo Fonseca, por las calles de Ávila, hablando de su historia y sus leyendas. Pero no nos miente, ya que nos indica en los apéndices finales qué es lo que ha reconstruido y qué es lo que ha recogido fielmente de las fuentes.

Todo ello es una invitación a conocer más, a acercarse a la apasionante historia del encuentro de dos continentes, de dos civilizaciones, que provocaron un parto doloroso de naciones nuevas, las cuales se enriquecieron con lo mejor de ambas culturas y mezclaron sus sangres para crear genealogías mestizas, de las que debemos sentirnos orgullosos. Sobre todo si lo comparamos con lo ocurrido en tierras más al norte del mar Caribe.

Finalizo con las mismas palabras que dije en la presentación, de la que no me resisto a apuntar que fue un auténtico éxito de convocatoria, haciendo un símil entre el encuentro entre Gil y Nicarao y el encuentro entre Humberto y el ídolo precolombino del Jardín del Recreo, para concluir agradeciendo a Humberto el habernos regalado esta historia.

lunes, 13 de febrero de 2017

Nacer y morir

Solo hay nacer y morir, lo demás es cosa vana. Cuando llegó esta frase a mí, ya tenía medio escrita mi novela, que toma el título de ella. Se la oí en una conferencia al historiador Serafín de Tapia, que la había rescatado de unos documentos en boca de una judíoconversa del siglo XVI. La resignación que evidencia, procede de una mujer a la que le habían prohibido seguir con sus creencias, si no quería dejar su ciudad, a sus vecinos, su país y su proyecto de vida. Me pareció que la frase resumía perfectamente el espíritu de la novela y, en cuanto tomé la decisión de titularla “Lo demás es cosa vana”, no volví a dudar sobre el título, era ese con toda claridad.

Desde entonces he reflexionado mucho sobre su significado. Sólo hay dos certezas en la vida, que se nace y que se muere, al resto no debemos darle más importancia, pues no la tiene. Cuando me he enfrentado a algún reto vital significativo, me he preguntado ¿qué importancia tiene si voy a morir un día? Y me ha servido.

Pero, ¿cuándo nacemos? Nadie es consciente de ese momento. Yo tengo apenas dos recuerdos anteriores a los cinco años, dos imágenes, y son tan borrosas que incluso dudo de si no me las he inventado oyendo contar anécdotas a mis mayores. Dos, nada más. Ni siquiera me reconozco en las fotos de entonces. Después de eso, el primer recuerdo claro que tengo en mi vida es ser consciente de que estaba viviendo y me ocurrió ya con los cinco años cumplidos. Me miré la mano derecha, pequeña, regordeta de niño, bien formada y me di cuenta de que era mía y de que yo existía. Pensé que la mano era una herramienta con la que podía hacer cosas, que tenía toda una vida para desarrollar actividades con ella. Tengo la imagen tan clara, que ha sido recurrente a lo largo del tiempo y alguna vez he vuelto a mirar mi mano, para preguntarme si estaba cumpliendo mis expectativas.

Confieso que he sido creyente. Creyente sincero y convencido. Pero hace muchos años ya que decidí que no seguiría creyendo. Y fue eso, una decisión. La fe no es más que un acto de la voluntad. Se cree o no se cree porque se quiere. No hay más. Yo me di cuenta de que todas las religiones niegan a las demás y eso me presentaba un dilema moral, al pensar en esas pobres gentes que no creían lo mismo que yo, hasta que me di cuenta de que tal vez la pobre gente podría ser  yo, si ellos tenían razón. Pensé también que si Dios existía era muy cruel, porque no nos ponía las cosas claras. Si Jesucristo nació y fue humano, ¿por qué no dejó por escrito sus leyes? Era culto, sabía escribir, ¿por qué no nos dejó su firma? ¿Nos quería en un mar de dudas o no quería que creyéramos en una religión? ¿Por qué todas las religiones han nacido a través de intermediarios humanos? En cuanto la duda se asomó y profundicé en la ciencia histórica, me di cuenta de cómo las religiones manipulan a las personas.

Igual que no puedo dar testimonio de la existencia de Dios, tampoco puedo dar fe de su inexistencia. Me falta arrogancia para eso y tan solo me queda la esperanza, que no la fe.

Respeto totalmente a los que creen, pero no respeto a los que quieren imponer sus creencias, en el sentido que sea. Y exijo el respeto ante mi postura de ser no creyente. Hay que relativizar las creencias, pues no tienen importancia alguna, ya que no se basan en nada sólido, sino en la voluntad arbitraria. En el auto convencimiento. Y por ello deben quedar en la vida privada, sin hacer ostentación por respeto a los demás. En el mundo globalizado en el que vivimos la convivencia solo es posible en el laicismo, con el máximo respeto a las creencias de los demás, mientras éstas no sean denigrantes o injustas.

Ante la muerte cierta, que ya me está esperando a la vuelta de la esquina al haber consumido la mayor parte de mi vida, estoy a las puertas de mi segunda gran verdad. Ya que nací, moriré y lo demás no importa.

lunes, 30 de enero de 2017

Una salida para los novelistas noveles (que aspiran a ser nobeles)

En España todo aquel que quiera ser escritor lo tiene crudo. A los poetas solo los leen los poetas y a los novelistas sus familiares y amigos. Sí, ya sé, es muy burdo lo que acabo de escribir y no del todo cierto pero por ahí van los tiros.

En otros países, aquellos escritores que son buenos y que perseveran acaban siendo reconocidos. Aquí las editoriales grandes, las que promocionan a sus autores, las que hacen ediciones decentes y ponen los libros en los centros comerciales y en los escaparates de librerías, sí que recogen los manuscritos que les envían con el objeto de valorar su publicación. Pero ninguno llega a publicarse. Ninguno. ¿Nadie merece ser publicado? En el caso de existir algún escritor que sin ser conocido llega a estas editoriales y luego llega a ser superventas es porque ha empleado algún atajo. A través del nepotismo, claro. Sé de varios de los últimos casos, pero no puedo demostrarlo.

Cuando un novel se ve frustrado al recibir la misma contestación de todas las editoriales grandes –“le agradecemos que haya contado con nosotros para la valoración de su obra, pero en estos momentos nuestros proyectos de edición se hayan completos”– prueba con las pequeñas. Las llamaré así, editoriales pequeñas, pero en realidad son editoriales que publican a escritores noveles. Su negocio se basa en aprovechar la ilusión que todo escritor tiene de publicar y sacan beneficio con una pequeñísima edición, que se paga el autor. Son muchas las fórmulas existentes, pero al final, de una manera u otra la editorial recupera su inversión con las ventas que el propio autor hace a familiares y amigos. Y eso si no le han cobrado también la maquetación, la corrección del texto, el diseño de la portada...

Y luego, lo “bonito”. Organízate por tu cuenta presentaciones, aunque no tengas dotes para hablar en público. Toca todas las puertas de librerías, instituciones y medios  de comunicación. Págate viajes, booktrailerssorry Juan–, publicidad en las redes sociales… Eso, créate páginas en todas. Emplea horas y horas en estas cuestiones y deja de escribir… Para que no te compre quien no tenga compromiso contigo.

Exploremos otra vía, los concursos. Cuando en estos no hay tongo, y en muchos lo hay –pienso en los más grandes–, entonces la competición es más como una oposición que como un examen de capacidades. Tienes que competir con centenas o miles escritores que a lo mejor no son mejores, pero sí tienen tanta calidad como tú. Aquí la suerte es la que rige, pero para que te toque la lotería entre tantas posibilidades, para asegurar la suerte, necesitas una vida de unos miles de años.

Bueno, tira del nepotismo, ¿a quién conozco yo en Planeta…?

Lo pinto tan crudo, porque acabo de encontrar un camino, una salida que cubre estas necesidades. Por casualidad me he encontrado con un proyecto llamado Valbo, que me brinda la publicación sin ningún desembolso por mi parte, para ofrecer mi obra en descarga gratuita. ¿Qué gano? Lectores. ¿Qué pierdo? Nada.

La descarga gratuita de una novela es algo que para muchos lectores tiene atractivo, sobre todo cuando el escritor no es conocido. La descargan, la leen y si no les gusta la dejan sin haber perdido nada. Si les gusta la recomiendan y siguen a ese autor y ahí está el beneficio que un escritor que no es conocido puede obtener. Tener lectores. Si logra lectores, es posible que alguna de las grandes se interese por él. Al menos tiene lectores, que pueden comprar sus futuras obras. Tiene lectores, ese es el objetivo de todo aquel que escribe.

Además conservas todos tus derechos, para negociar tu novela con cualquier editorial que se interese por ti.

Otro beneficio que te ofrecen es la impresión en papel, así aquellos que quieran hacer una presentación, colocar su libro en alguna librería o simplemente darse el gusto de ver su novela impresa, además de ofrecerla en descarga gratuita, pueden realizar esa inversión que otras editoriales les brindan desde el principio sin más opción.

Les confieso que la única duda que me surgió es preguntarme quién o qué está detrás de esto. ¿Son de fiar? Esto me retuvo, pero lo he averiguado, detrás no hay nada más, ni nada menos, que unos emprendedores, con una idea original, que están probando mercado. Y yo voy a probar con ellos. Así que anuncio una primicia: “Operación Caipiriña”, una novela que tenía en un cajón, verá la luz y será gratis.

No me guardo el secreto, lo comparto y os dejo el enlace:

viernes, 13 de enero de 2017

Por qué escribo poemas

Pues la verdad es que no lo sé. Tal vez es una osadía imperdonable, ya que no me considero poeta y además no tengo criterios para juzgar si lo que hago es bueno.

Me gusta mucho la poesía. La considero la culminación del arte literario, que busca directamente la belleza de la palabra y la evocación de imágenes, emociones y sensaciones procedentes de todos los sentidos. Además de la pura reflexión filosófica. Realizada siempre con la mayor economía de medios posible, lo que significa que cada palabra de un poema está en su sitio justo y de ninguna manera puede sustituirse por un sinónimo, porque esto significaría que esa palabra sobra.

La poesía es hija de la música. Nació a raíz de las canciones y a lo largo del tiempo ha mantenido una métrica y una rima, que aún hacían más difícil el arte poético. Con el verso blanco y el verso libre se liberó de esas cadenas, buscando su esencia en sí misma. Yo, como poco “versado” en poemas, aún amo la métrica y no desdeño la rima, aunque no las necesite.

He escrito muchos poemas y me ruboriza publicarlos, aún así lo he hecho en varias ocasiones, que pueden verse en este mismo blog bajo la etiqueta de poesía. Prueba de esa inseguridad al publicarlos es que en todas esas entradas el poema en cuestión está profusamente comentado, como si le hiciera falta al arte poético alguna acotación en prosa.

Bueno, yo me defiendo con San Juan de de la Cruz, que glosó su obra poética para que fuera comprendida por las monjas a las que iba dirigida.

(Pero aún así sobraba la prosa… Así que corto y voy al grano)

Por qué

Porque mis pasos me llevan
a destinos no trazados,
viviendo a ratos feliz
a pesar de lo que sé.

Porque pocas cosas sé
con todo lo que he vivido
y además me duele el alma
sin saber si el alma existe.

Porque la belleza existe
y me llena de esperanza,
apaciguando el temor
al ocaso de la vida.

Por todos estos motivos
y además aquellos otros
que me son desconocidos
me atrevo a escribir poemas,
brindando a que sean leídos.

Poema publicado en “Y lo demás es silencio Vol-2. Antología de Poesía Española Contemporánea”, diciembre 2016, Chiado Editorial, Lisboa, Portugal.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Recapitulando 2016

Ya estamos aquí, al final de otro año y toca hacer balance de este blog, para dar pie al que quiera a repasar las entradas en orden a las etiquetas y para que yo mismo pueda valorar lo que ha dado de sí 2016.

Comencé el año con un relato, La conquista, y lo acabé hace un par de semanas con tres en mi última entrada. No ha sido intencionado, pero es algo que me gusta, ya que en después de todo este es el blog de un escritor. En marzo publiqué Reo de muerte, un alegato pacifista. En abril El Tontódromo, una mirada llena de añoranza y sentido del humor al pasado reciente de mi ciudad. Este relato procede del libro publicado en 2015 “El mundo según los abulenses” y está en la lista de los más leídos de este blog. En junio fueron Tres microrrelatos y medio, que fueron sacados de mi cajón para darlos a conocer, ya que estaban sin publicar. Quisiera algún día recopilarlos todos, junto con otros inéditos y publicarlos en un libro; pero es un deseo, ya veremos. En septiembre saqué otro de los relatos de “El mundo según los abulenses”, esta vez fue El arte en las rotondas. Por último Tres micro relatos para estas fiestas, donde exploré los sentimientos “de estas fechas”, intentando huir de la sensiblería, que no sé si conseguí.


Tres reseñas de libros ha habido este año. La primera en abril, El mundo según los abulenses II, sobre el segundo libro colectivo de la Asociación “La sombra del ciprés”. En agosto una reseña sobre dos novelas que me gustaron mucho y que tienen muchos puntos en común a pesar de sus evidentes diferencias: “Las montañas azules”, de Begoña Ruiz Hernández, y “Tres tazas”, de María Eliezer Bordallo Huidobro. La entrada la titulé De las montañas azules a las tres tazas. Y  este pasado mes de noviembre tuve el placer de presentar la novela de mi amigo César Díez Serrano, Conspiración en Londres, que reseñé encantado.

Tan solo ha habido una entrada con lo que yo denomino “vida literaria” y ha sido el reportaje gráfico de la II Gala de Premios Literarios “La Sombra del Ciprés”.

He “reflexionado” en tres ocasiones. Islamofobia es un artículo del que me siento especialmente orgulloso. En La vida dentro de las redes sociales traté el tema del cambio de relaciones sociales que las tales han provocado. Y en A vueltas con la hora hablé sobre lo mucho que me cabrea un tema menor, como que los horarios oficiales del país no sean reales.

He sacado “mi poesía” este año en una ocasión, con el título de No aprendemos, donde glosé un poema pacifista que titulé “Antes de que se agote mi voz”. Solo por esta entrada, para mí ya tiene sentido que publique este blog.

De mi ensayo sobre la narrativa gráfica tengo cuatro capítulos más, que recomiendo a los que estén interesados en el tema, advirtiendo que mis ideas no son ortodoxas. El material con el que se fabrican los sueños, ¿Existieron tebeos en la Prehistoria?, Los primeros tebeos de la Historia I y Los primeros tebeos de la Historia II.

Sobre la defensa de nuestro idioma, en febrero publiqué Ojalá España quede la última en Eurovisión. Después de dicho festival, en mayo, publiqué Y España quedó la veintidós de veintiséis para mi gran satisfacción y en el mes de julio saqué Mi propuesta sobre la reforma de la ortografía.

He escrito sobre política dando mi visión de las cosas con una entrada titulada Hacia dónde vamos.

Termino mi recapitulación con la que es para mí la más sentida de todas las entradas de este año y aún de este blog. Publicada a finales de febrero, en ella narro una historia personal, en la que yo fui amenazado de muerte por un energúmeno fascista, debido a la defensa que hice, junto a otra gente honrada, para conservar unos restos arqueológicos, que cuentan mucho de lo que fuimos en este país, El cementerio de los moros. Entrada que surgió a raíz de la presentación de la película “Maqbara” del periodista José Ramón Rebollada, el cual perdió su puesto de trabajo en esta ciudad “atascada”, por el hecho dedicarse a hacer documentales en los que demostraba la iniquidad en sus actuaciones culturales de los caciques que gobiernan esta provincia desde tiempos que se pierden en la memoria. Muchas gracias, Jota, por contar mi pequeña historia en tu película, que surgió de la honrada investigación periodística. Con toda mi solidaridad y mi afecto te dedico todas las entradas de este año.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Tres micro relatos para estas fiestas

OTRO CUENTO DE NAVIDAD

Este año sí que el belén es verosímil y tiene un aspecto inmejorable, mejor que ninguno de los que he montado en años anteriores. Incluso el agua corre por el río y éste tiene un puente. Está todo lleno de luces dispersas por todo alrededor y el fuego crepita. También hay nieve y hojas de árbol por el suelo. El único inconveniente es que pasaré frío bajo ese puente, pues es mi primera Navidad tras el desahucio.

(Inédito)

AVENTURA URBANA    

Él estaba perdido en una ciudad desconocida, pero conseguiría llevar a cabo su misión, pensó que su juventud y sus habilidades acabarían por conducirlo al lugar de destino. Tenía escrito en unos caracteres ininteligibles una dirección, sin embargo no quería esforzarse en preguntar a esas gentes que le miraban como a un ser extraño y que serían incapaces de comprenderle. Se dio cuenta entonces de que llevaba en la mano la herramienta que le habían entregado para completar su cometido, pero estimó que no la utilizaría, pues ni siquiera sabía para qué diantre servía. Así que, con disimulo, la dejó en el suelo y siguió caminando. Por fin vio en la pared un letrero. Los signos, unos redondeados, otros picudos y otros cuadrangulares, prácticamente eran idénticos a los del salvoconducto que llevaba. No cabía duda, había llegado. Levantó la cabeza del papel y descubrió aquel rostro que le resultaba familiar. Era una mujer regordeta y madura, de al menos sesenta años. Ella también lo reconoció y se le acercó gritando:

—Papá, ¿cómo te tengo que decir que no salgas del parque? Puedes extraviarte¼ ¿Y dónde has dejado tu bastón?

(Publicado en “Avilapluma”, Asociación Ávila Abierta, Ávila, noviembre de 2013)


LEÓN

Me llamo, o mejor, me llaman León y aunque algunos piensen que yo no debería estar hablando lo estoy haciendo. O más precisamente me estoy expresando, porque hablar, hablar, no hablo, sino que ladro, ya que soy un perro. Pero ladrando me hago entender perfectamente.

Vivo en la calle, pero no soy un perro callejero, porque tengo amo, y mi amo tiene una casa, donde dormimos los dos. Yo cómodamente en el lugar privilegiado que él llama sofá y él… No lo sé con precisión. Se mete en su cuarto donde tiene un sofá que es plano y ancho, creo que lo llama cama, aunque no es tan cómodo como el mío.

Nos pasamos el día en la calle, porque mi amo es un músico famoso y le regala su arte a la gente. Toca un violín, sentado en la silla de ruedas en la que se desplaza —pienso que es muy vago, porque no se pone nunca en pie y se aguanta en los brazos para moverse de la silla al sofá—. Mientras toca yo suelo dormirme plácidamente mecido por su música. ¡Si no fuera por la molestia del ruido que hace la gente arrojando monedas en una lata que pone en el suelo!

Mi amo es muy bueno conmigo, pero en la calle no todo el mundo es bueno. Hay un niño malo que pasa todos los días camino del cole que, disimuladamente, suele arrearme un puntapié, despertándome. Yo lo desprecio, no haciéndole caso.

Sin embargo hay otro niño que es tan bueno como mi amo. Todos los días cuando me ve corre a acariciarme el lomo, soltándose de la mano de su padre, y me obsequia con una galleta de las que sabe que me gustan. Se ríe mucho y me llama guapo. Él sí que es guapo y bueno. Luisito, le llama su padre, aunque su apellido no lo entiendo, debe ser extranjero. Un día le oí que le explicaba su padre a una señora que era “Síndrome de Down”.

(Publicado en “Certezas”, Pronisa, Ávila, diciembre 2016)