lunes, 28 de noviembre de 2016

Conspiración en Londres


El 5 de noviembre de 2016, a la hora británica del té –cinco de la tarde, aunque en España eran las seis por capricho de un dictador que prefería ajustar los horarios con la Alemania hitleriana–, en un pub irlandés, The Ha’ Penny Bridge Iris Pub, y en una tarde gris y lluviosa, se celebró una de las principales fiestas británicas, La Noche de Guy Fawkes,  que conmemora el fracaso en 1605 de la Conspiración de la Pólvora –Gunpowder Plot–, en la que un mercenario llamado Fawkes, intentó volar el Parlamento Inglés, con los parlamentarios y la familia real incluida, pero que acabó solo con él, como cabeza de turco de un complot que quería devolver el catolicismo a las heréticas Islas Británicas. Este mercenario que luchó con los Tercios españoles, es  más conocido aquí por la máscara de “V de Vendetta” o de Anonymous,  y bajo esa máscara quiso César Díez Serrano presentar la conclusión de su trilogía de novelas de “La Edad de Acuario”. Trilogía que no tiene por qué quedarse en tal, ya que algunos esperamos que se convierta en tetralogía o tal vez en “decalogía”, para seguir disfrutando de las andanzas del reportero gráfico Marcos Guillem como un Tintin contemporáneo.

En primer lugar agradezco a César el haber confiado en mí para presentar, junto a él y a Alfredo Rodríguez, su novela, lo cual ya es todo un acto de temeridad. Aunque lo más brillante de la presentación estuvo en el vídeo que él mismo elaboró con comentarios de mucha gente impresentable, que acabó arrancando las risas de todos los presentes.

La Edad de Acuario, primero de los libros,  hace referencia al tiempo cósmico que astrológicamente estamos iniciando y tiene sus implicaciones en forma de teorías esotéricas. Con este acontecimiento César construyó una novela de suspense y crímenes, un libro de viajes, una historia de amor no correspondido y un libro de reflexiones políticas y, apurando, hasta deportivas. Llevando a los protagonistas de Madrid hasta Londres, con una detallada descripción de escenarios que trasladan la experiencia que tiene el autor sobre esos lugares.

Después de La Edad de Acuario, César publicó El misterio de Ana Bolena. Tomando esta vez como referente histórico a la esposa de Enrique VIII decapitada por capricho tiránico, lo cual llevó a su reino a separarse de la iglesia de Roma, la cual le negaba el divorcio. El argumento policíaco sobre el robo de unos cuadros lleva de nuevo a Marcos Guillem a Londres y a París, donde se presenta a un estrambótico personaje de nombre Jean François y de apellido hispánico –Hernández–, circunstancia que no le impide tener inquina a todo lo que venga de más abajo de los Pirineos, como nuestro protagonista fotógrafo.

Conspiración en Londres, con la que concluye la trilogía, continúa la forma narrativa de toda la saga, con dos personajes que nos hablan en primera persona, como el que le está contando la historia a un amigo, que son el fotógrafo Marcos Guillem y, esta vez, la pelirroja irlandesa Eileen O’Connor. Mujer interesante, que cae en una vorágine de citas indiscriminadas con posibles parejas, acuciada por el temor de que se le pasan los años sin tener alguien al lado, lo que le lleva a más de una situación peliaguda.

César nos vuelve a llevar por las calles de Londres y de París, ampliando la geografía a dos localizaciones belgas que también le son queridas al autor, como son Bruselas y Gante.

El argumento de Conspiración en Londres parte del robo de una joya que hereda una aristócrata belga y su posterior asesinato, en cuya investigación se ve implicado el periódico londinense Gloucester Post, al cual acude nuestro fotógrafo cuando es despedido del madrileño Crónica Hoy. Aparte de la relación del argumento con la referida conspiración de la pólvora, César nos trae a colación otros acontecimientos actuales, como son la emigración forzada de nuestros jóvenes más preparados a causa de la precariedad laboral en España,  o la reconversión minera que provocó la crisis social de los años ochenta del pasado siglo, con el gobierno de Margaret Thatcher. Además de otros temas como la ascensión al poder de líderes populistas que con recetas simples atraen los votos de los desencantados o  teorías conspiranoicas como El Club Bildelberg. Y todo eso aderezado con la descripción de paisajes –la saga funciona como una buena guía de viajes–, investigación periodística, toques de humor y asesinatos. ¿Qué más se puede pedir?

Esta última entrega tiene la novedad de incluir unos códigos QR con los que fácilmente se pueden ver vídeos de los escenarios descritos, que han sido grabados por el propio autor.

Solo me queda una recomendación, además de leer esta novela, visiten el Gloucester Post. No el periódico en el que trabajan los protagonistas, sino la página que ha creado César, donde con mucho sentido del humor repasa temas abulenses que les harán echar unas risas.


P.S.: Para mi amigo Juan, Pepito Grillo de mi conciencia: esta vez no he podido evitar los anglicismos, pero el tema lo requería. Sorry!

martes, 15 de noviembre de 2016

II Gala de Premios Literarios La Sombra del Ciprés


Cuando nos embarcamos, allá por 2014 -o sea, ayer- en la creación de una asociación cultural que denominamos "de novelistas", no teníamos muy claro a dónde queríamos llegar, ni cuál sería su futuro. La comenzamos tres, César, Alfredo y yo, pero no tuvo auténtico sentido hasta que la abrimos y la refundamos, con la integración de gente muy valiosa, ya en 2015. No todos con la misma implicación, pero con el suficiente número de gentes activas, como para realizar cosas importantes.

Y son las actividades que vamos realizando las que nos están dando sentido y definen qué es lo que somos. El año pasado, sin tener muy claro cómo, decidimos otorgar unos galardones que reconocieran la labor de las personas e instituciones que se vuelcan por la cultura en nuestra ciudad, Ávila, además de destacar a un escritor reconocido en el ámbito nacional, que poseyera los valores en los que deseamos vernos reflejados los escritores que aspiramos a serlo.

Aquella gala del año pasado, de la que ya dejé constancia en este blog, nos dejó tan buen sabor de boca, que este año lo hemos dado todo para superarnos. Y creo, sinceramente, que lo hemos logrado. No por los premiados que se lo merecen tanto como los del año pasado, sino porque hemos pulido errores, hemos mejorado el presupuesto y todo ha resultado más "profesional". Bien, ya tenemos claro qué es lo que debemos hacer, así que el año que viene, sin duda, realizaremos la tercera edición, eligiendo tan bien como en las dos primeras quiénes serán los que merezcan el premio.

Yo tan solo quería dejar aquí un documento gráfico resumido de lo que esta segunda edición ha dado de sí. No son las mejores fotos, ni las más representativas -había verdaderos profesionales que las harán públicas en breve- tan solo son las fotos que saqué yo, y que no tienen más valor que ese.

II GALA DE PREMIOS LITERARIOS "LA SOMBRA DEL CIPRÉS" ÁVILA 2016

Los cinco premios, más una mención especial

Los presentadores: Daniel García-Moreno y Paula Velasco

Vídeo sobre la Feria del Libro, presentando a la Asociación

El discurso institucional de nuestro presidente César Díez Serrano

La Teniente de Alcalde de Cultura Sonsoles Sánchez-Reyes

Primer premio "El Camino", para la Biblioteca Pública de Ávila

El historiador, abulense de adopción, Serafín de Tapia

Segundo premio "El Tesoro", para la Cadena SER de Ávila, recoge Luis Sánchez

Una sorpresa: Mención especial al periodista José Ramón Budiño

Belén Herrero Cembellín, Presidenta del Casino Abulense

Tercer premio "Madera de Héroe" otorgado por el Casino Abulense a Patricia Picazo

La actriz abulense Sara Heras

Cuarto premio "El Hereje", para la Librería Senén

Vídeo sobre nuestros libros y el frío de Ávila, interpretado por Ismael López con guión de Gillermo Buenadicha

José C. Vales, Premio Nadal 2015 y Premio La Sombra del Ciprés 2015

Quinto Premio "La sombra del ciprés" para el escritor bilbaíno Mikel Santiago

La música: el grupo de música celta CEOLISH

Los premiados con nuestro presidente

La prensa

Y el photocall
Y así nos despedimos hasta el año que viene, pero no puedo concluir y dejar sin mencionar a mis compañeros del que conformamos para preparar la gala,  los cuales acabamos satisfechos del trabajo realizado, del resultado y de la receptividad del público a nuestras propuestas: Paula Velasco, Carolina Ares, Lara Rodríguez (que preparó los vídeos, pero que no pudo estar presente), Pablo Garcinuño, Guillermo Benadicha y José Luis Lázaro. Los medios técnicos los puso Alquimia y el adorno floral Don Zoilo, colaborando además Gestoría Velasco, Observatorio Activo Ávila 1131, Hotel Cuatro Postes y Librería Letras.

Miembros de "La sombra del ciprés", junto a los premiados. (Foto que tomo prestada a SonsolesSánchez-Reyes)

lunes, 31 de octubre de 2016

A vueltas con la hora

Tal vez parezca un tema menor, pero no deja de tener su importancia y hay que meterse en todos los charcos, así la vida es más entretenida.

Nos dicen que con el cambio de hora del otoño los días serán más cortos y que anochecerá antes, pero no es cierto, nos engañan. Lo que ocurre es que llamando a la hora de forma diferente nos levantamos una hora más tarde. Antes nos levantábamos a las ocho y ahora a las ocho las llaman las siete, así que nos levantamos a las nueve, a las que ahora las llaman las ocho. ¿Me explico?

¿Por qué nos engañamos? ¿Por qué cambiamos el nombre de la hora real en la que vivimos? ¿Para ahorrar energía? ¿Para tener más horas de sol? ¿Para que anochezca antes? ¿Para amanezca antes? Todo es mentira y eso es lo que me hace rebelarme.

Vivimos en determinado huso horario, y la hora de la Península Ibérica coincide con la del Reino Unido y con la de Portugal, ya que por la Península y por el Reino Unido pasa el Meridiano de Greenwich. El hecho de que no tengamos la misma hora oficial no es más que una estupidez sin sentido.

En verano, los que nos levantamos a las ocho de la mañana (que cada cual lo sustituya por su hora), en realidad lo estamos haciendo a las seis. Esa es la verdad. Así el resto de los países europeos dicen que los españoles somos unos vagos que no madrugamos. Y no es cierto, madrugamos tanto o más que ellos, solo que nos mentimos llamando ocho al seis. En invierno desde el último fin de semana de octubre retrasamos los relojes una hora y tan solo tenemos ya una hora de diferencia con la hora real, y por ello sigue siendo mentira. Ahora nos levantamos a las siete, pero le llamamos las ocho. No es más que un engaño al que nos fuerzan las administraciones.

Esta hora de diferencia del invierno es una estupidez, que se le ocurrió al dictador Franco, en los años cuarenta del siglo veinte para congraciarse con su amiguete Hitler y tener la misma hora que Alemania, que está mucho más al este. Así, si las tropas germanas ganaban la guerra y venían “de visita” no tenían que modificar sus relojes. Y Hitler y Franco podían hablar por teléfono antes de cenar, ya que sus criados podían servirles el consomé a la misma hora.

Años más tarde, en 1974, con la crisis del petróleo, a las administraciones europeas se les ocurrió cambiar la hora de verano para ahorrar energía prolongando las horas de sol. Otra estupidez donde las haya. Por mucho que se cambie la hora no se alarga el tiempo que permanece el sol. ¿No sería más fácil adelantar los horarios? Por ejemplo: Desde el último sábado de marzo las fábricas abrirán a las siete en lugar de a las ocho. Y  así con las administraciones, los comercios, los transportes, etc. Es decir, si se piensa que se aprovechan más las horas solares, se adelantan los horarios y no tenemos necesidad de engañarnos. De todas formas, esta medida es cuestionable como ahorro de energía, pero no voy a discutirlo, que ya lo han hecho otros.

Para complicar el tema, en Baleares y Valencia, están luchando por conservar el horario de verano, es decir ir dos horas por delante de la hora natural en verano y en invierno, para que la hora de anochecer sea más tardía. Dicen que es lo mejor para el turismo. Pero tan solo hay que despejar las telarañas de la cabeza: Sí, anochecerá a las siete y media en lugar de a las seis y media, pero las horas de luz no se han movido un ápice, porque el hecho de cambiar la hora no consigue que el sol permanezca más tiempo alumbrando la Tierra. Que lo mismo da que la hora de anochecer se llame las seis de la tarde o las cuatro. Lo importante es levantarse antes. Pero levantarse antes de verdad, sin cambiar el nombre a la hora. Es cuestión de nomenclatura, no de que el sol dure más.

En fin, no quiero convencer a nadie, pero yo lo tengo claro. Cuando me jubile, si llega ese día para mí, dejaré de engañarme y pondré mi reloj en la hora solar, teniendo en cuenta que el resto del mundo vive en la mentira. Allá vosotros, majos.

Por si acaso deberé llevar un reloj supletorio con la hora falsa, para poder entenderme con mis vecinos.

domingo, 16 de octubre de 2016

No aprendemos

El libre albedrío, sobre el que tanto debatieron en tiempos medievales teólogos y filósofos, es una de las características más propias del ser humano racional.

Los animales están determinados por el instinto. Son instintos primarios los que les gobiernan de cara a la supervivencia, la comida y la reproducción. Y son otros instintos también los que les guían hacia la violencia o el juego. Pero el ser humano, que es libre de hacer lo que quiera, es capaz de lo mejor y de lo peor. Entre lo mejor está el amor desinteresado, el cuidado de los demás o las expresiones artísticas. Entre lo peor está el daño a sus semejantes.

Desde que la ciencia histórica nos puede contar los hechos, nos narran guerras, saqueos, matanzas, violaciones, destrucción… E incluso antes, las pinturas prehistóricas, ya nos muestran escenas de batallas. Es, por tanto, algo que está envenenando desde siempre el comportamiento de la humanidad, libre, y dueña del mundo. ¿Pero si somos libres, por qué seguimos haciendo guerras? Tengo mis respuestas, claro, pero no voy a darlas, tan solo quiero hurgar en la herida.

Una niña pequeña sacada de los escombros de un bombardeo en Siria, pateras y embarcaciones de gentes huyendo del horror, niños mutilados por bombas, países ricos impidiendo que escapen de la guerra quienes sólo quieren vivir. Ciudades arrasadas, muros levantados, bombas “inteligentes”. Francotiradores, batallas urbanas, saqueos, violaciones, torturas, mutilaciones, envenenamientos, zancadillas, tiranos, matatiranos… No son datos históricos, son portadas de periódicos de actualidad.

Hoy saco de mi cajón otro de mis poemas, que ya estaba cubierto del polvo de los años, pero cuya actualidad, por desgracia, nunca pasará. Hasta que el ser humano sea totalmente destruido por sí mismo. Es un canto a quiénes van en contra de las convenciones sociales, a los valientes desertores. Porque los otros valientes, los que hacen lo que se espera de ellos, que es intentar sobrevivir matando, no son tan valientes, tan solo son los tontos útiles, a los que se denomina héroes, por recompensar su estupidez. Ejemplo de ello lo tenemos en esos pechos inflamados de ardor guerrero que se confiesan novios de la muerte. Yo contradigo a su fundador y le doy la razón a quién se le enfrentó dialécticamente: “Viva la inteligencia y muera la muerte”. Ninguno de los que han vencido, han convencido, ya que ninguna guerra sirvió nunca para nada. Al final, después de dar la vuelta a la tortilla, arriba quedarán los ricos opulentos y abajo los pobres desgraciados.

 He tratado de reflejar gráficamente en mi poema el cansancio de milenios de violencia, que va agotando la voz del poeta, al cual aún le quedarán energías de gritar en los últimos estertores de la agónica vida de la humanidad.

Antes de que se agote mi voz.

¡Maldito sea el perro que desentierra
el hueso roído de la cruel guerra!

A los muertos en la batalla
se los tragan fosas comunes
y los cubre un árbol suicida,
que bajo tierra se alimenta
con sucia savia, ennegrecida
por cadáveres que fermentan. 

Nuestros amos exigen
que demos nuestra sangre.
Nos piden que luchemos
por patrias y por reyes,
y añaden que debemos
pelear por nuestras leyes.

Pero nosotros
nada ganamos.
Solo industriales
que armas fabrican
y generales
que prevarican.

¡Canallas
que guerras
persiguen
y en ellas
consiguen
estrellas!

Hoy
se cierne un
cielo plomizo.
Gritaré, si agonizo,
en mis últimos estertores:
¡Que vivan los valientes desertores!


jueves, 29 de septiembre de 2016

La vida dentro de las redes sociales

Hoy en día la mayoría de la población de los países del primer mundo, e incluso del segundo, no ya del tercero, se han habituado a moverse en las redes sociales. Sobre todo la gente más joven, lo cual indica que esta tendencia tiene proyección de futuro.


Muchos, sin embargo, no han reflexionado sobre este importantísimo cambio en las relaciones sociales y lo viven de forma natural. Ello ha provocado excesos, enfermedades mentales e incluso delitos graves. Por eso han salido algunos detractores que reniegan de ellas en su totalidad, argumentando el tiempo que ocupan, la vacuidad de esas relaciones y los peligros inherentes.

¿Inconvenientes? Innumerables. Pero todos evidentes y en gran medida evitables. Tan solo hay que utilizar la inteligencia para soslayarlos. Es cierto, lo peor es que vivimos en Gran Hermano y estamos vigilados por los poderosos, que nos personalizan hasta la publicidad que nos dirigen. Que nos pueden robar, si anunciamos que estamos de vacaciones en el Caribe. Que pueden utilizar en nuestra contra aquella foto que compartimos poco apropiada. Que les damos más importancia de la que tienen, priorizando por ejemplo un wasap a una conversación en vivo. Que nos ocupan mucho tiempo y nos deterioran la vista…

Pero las redes sociales están ahí y no podemos darles la espalda. También están los coches y la velocidad, y aunque sean una de las causas de muerte y desgracias más importantes de nuestros días, no tenemos por qué prescindir de sus ventajas. Tan solo debemos conocer sus inconvenientes y riesgos para tratar de evitarlos, lo cual nunca garantizará que no seamos nosotros los próximos en estrellarnos.

Una red social no es más que una plaza pública, donde todos podemos ir a darnos un paseo, dejarnos ver y entablar conversación con quienes se encuentren allí. El estar en esa plaza es voluntario y, lo que hagamos en ella, dependerá de nuestra ética y respeto a los demás. Podemos ir pulcramente vestidos o en pelotas. Pero debemos saber y asumir qué consecuencias tendrán cada uno de nuestros actos.

Es malo estar siempre  en las redes sociales, como malo es estar siempre en la calle o en el bar. Pero una caña de cerveza de vez en cuando es uno de los mayores placeres de esta vida. Una red social me ha puesto en contacto con personas a las que quiero, pero que había dejado de ver, y  con otras que admiro y a las que no me atrevería a hablar, porque apenas o nada las conozco, pero que me aportan algo, a veces mucho. Tengo amigos de Facebook a los que no he visto la cara, porque nunca ponen una foto suya, pero a quienes me gusta encontrarme en esa plaza pública por lo que me cuentan. Con el WhatsApp me relaciono rápida y ágilmente en grupos de trabajo, de amigos y de intereses. Con el Twitter puedo gritar al aire libre aquello que me carcome, puedo compartir pensamientos o situaciones, o simplemente echar unas risas. Existen muchas más redes sociales, pero que yo frecuento menos. Mi libertad consiste en decidir en cuáles quiero participar y cuándo tiempo les voy a dedicar.

El estar en una red social es algo voluntario, nadie me fuerza a subir una foto de mi último viaje, si yo no deseo compartir esa instantánea con todo el mundo mundial. El veneno no existe, existe la cantidad. Una gota de lejía en la ensalada mata los gérmenes sin dañar la salud y veinte litros de agua de una fuente clara pueden matar a una persona sana.

La solución está, según mi punto de vista, en la medida y en algo más importante, en la educación, con un solo elemento a proteger, que son los menores de edad.

jueves, 15 de septiembre de 2016

El arte en las rotondas

 INFORME que rinde el explorador galáctico 4V1L4, al serenísimo Consejo de Sabios de la Confederación de Planetas del Cinturón de Orión. Comisionado por las altas instancias galácticas para discernir si existe vida inteligente en el planeta denominado “Ladrillo Brillante” localmente, Tierra, aterricé con la nave M4D51Z en un paraje cercano al lugar del estudio.


1.- Premisas de partida. Se descartan los conocimientos científicos, que no demuestran inteligencia, sino ingenio, el mismo que puede tener un oso para escarbar con un palo en un hormiguero y comerse las hormigas. Por tanto, la materia de estudio son las expresiones artísticas, las cuales son las que revelan un contenido espiritual e inteligente en los seres.

2.- Ubicación geográfica.

El lugar ha sido elegido científicamente, utilizando las coordenadas de los mapas aborígenes que se captaron en ondas cósmicas denominadas Google Maps. Se trata del centro de una península que está en el centro de dos continentes… Podría decirse que es, por tanto, el centro del planeta Tierra. Su nombre científico es Óbila y el vulgar Ávila. En el lugar en el que descendí con la nave, según los planos, debía existir un río llamado Adaja, pero no fui capaz de encontrarlo. Sí que había una pequeña correntera, que ni para charco de ranas servía. De acuerdo con las coordenadas, el lugar se denomina Soto, estando la ciudad a tiro de láser de donde mimeticé la nave con el paisaje. Inicié una exploración pedestre posterior, en la que comprobé que Óbila es sumamente extraña, pues han levantado un muro de piedra que no sirve para nada, ya que no circunvala todo el espacio urbano y, además, se han dejado las puertas abiertas. Más bien, no tienen puertas. ¿Será olvido o desidia? Yo lo apunto como indicio del carácter de sus habitantes.

3.- Objeto del estudio. He encontrado numerosas muestras artísticas, instaladas de forma original porque, rodeándolas, han levantado un bordillo circular y hacen transitar alrededor a sus vehículos primitivos que no despegan del suelo, para que puedan admirar las creaciones de los artistas. Unen estas esculturas por unos viales que llevan de rotonda en rotonda, que es como se denomina localmente el lugar donde se colocan las obras de arte. Al ser tan innumerables, me ceñiré a describir unas pocas que considero representativas.

4.-  Análisis de las obras.

En la primera rotonda, acercándome a la ciudad desde el Soto, enfrente de lo que he sabido por un indígena que es una plaza de toros, aunque no vi ni la plaza ni los toros, hay lo que debió ser una escultura de grandes dimensiones. Hoy en día sólo quedan restos de la grúa con la que debieron desmontarla, pues son unos hierros verticales en perfil. Y bastante oxidados. ¿Desidia nuevamente?



Más adelante, en la denominada por mi navegador avenida de Juan Pablo “palo-palo”, entre la vegetación del nacimiento de un riachuelo que se pierde en la misma rotonda donde nace, hay un escultura de un varón arrodillado, que con las manos está dando impulso a otro hombre para que dé una voltereta. Es de señalar que el segundo tiene un balón en las manos. La escultura debe hacer alusión a algún deporte local, emparentado con el malabarismo. Adelanto que, a pesar de su escaso valor artístico, es la única que entendí.

Caminando un poco más adelante, en una encrucijada llamada de Burgos Hondos, o algo parecido, me encontré con lo que debió ser una de las puertas del muro de la ciudad, pero está medio tumbada y oxidada. Nueva muestra de la dejadez. Otra más. Aparte de estos escombros no hay ninguna escultura, aunque es un lugar preparado para contenerlas.

Dando algún salto espacial, y obviando repeticiones, trataré algún ejemplo más.

En la denominada calle de los Hornos Caleros, en lugar de encontrar algún horno de gitanos, hay una escultura con unos hierros colocados arbitrariamente, ya que si se colocan en otra disposición daría exactamente igual, así que no es necesario describirla. Similar a esta son la mayoría de las que restan, por lo que no las analizaré. Tan sólo queda anotar el detalle de que, al menos, a ésta la han pintado de azul para que no se oxide como las otras.

Frente a lo que denominan Subdelegación del Gobierno, que debe ser algo como que se delega la gobernación por debajo ¿de qué?, han tenido la cachaza de plantar una cremallera de gran tamaño, que yo inquirí a un nativo y me dijo que era una metáfora de la ciudad que se abre al visitante. “¿Y no podría cerrarse?”, pregunté yo. “Sí claro, eso también, cada uno lo interpreta a su aire”. Respondió, y no tengo más que comentar.

Luego he visto varias esculturas con formas humanoides, generalmente mujeres, en el centro de la ciudad. Una subida a un poste muy alto, otra tumbada con un libro al pie del muro, otra sobre unas piedras colocadas en círculo… Pero a éstas no deben darles importancia, ya que no les han hecho rotondas alrededor para que se puedan visitar en coche.


5.- Conclusión. Como experto en Arte Universal, egresado de la más prestigiosa Universidad de la Galaxia, opino que no existe vida inteligente en la Tierra y que debemos esperar otros cinco mil años, al menos, para que ésta se desarrolle.

(Este relato fue publicado en el libro "El mundo según los abulenses", Éride Ediciones, Madrid, 2015, del cual ha salido el volumen 2 en 2016, publicado por "La sombra del ciprés")

martes, 30 de agosto de 2016

De las montañas azules a las tres tazas

Voy a realizar la reseña de dos novelas, que acabo de leer seguidas y en las que he encontrado muchas similitudes, a pesar de sus distancias.

Se trata de dos mujeres, dos abulenses —una de nacimiento y otra de corazón—, dos filólogas y profesoras, dos primeras novelas, dos novelas históricas situadas en el siglo XX, con dos protagonistas —mujeres— que han de luchar contra las convenciones sociales que las marginan, vislumbrando en el estudio una vía de escape. Y, por último, dos novelas que recomiendo sin reservas, porque me han hecho disfrutar de su lectura.

Las montañas azules, de Begoña Ruiz Hernández, publicada por Cuadernos del Laberinto, Madrid, en 2016, y que rápidamente alcanzó su segunda edición.

Begoña trabaja como profesora en un instituto de secundaria de Ávila, y nació en El Losar del Barco. Es licenciada en Filología Inglesa, tiene publicado algún cuento y es colaboradora de El Diario de Ávila.

Su novela está ambientada en 1933 en una zona montañosa que claramente es trasunto de su localidad de nacimiento, pero cuyo nombre es inventado, Las Cimeras, población cercana a otra, Las Bajeras, cuya ciudad de referencia se llama Santa María, utilizando una licencia literaria similar a la Vetusta/Oviedo de Clarín. El ambiente rural de esas montañas, que la protagonista ve azules por la perspectiva aérea y que simbolizan la barrera que quiere atravesar, es claramente la Sierra de Gredos.

Dionisia es una joven de veinte años, con un hermano, Andresito, de nueve y unos padres, Andrés y Vicenta, que viven acuciados por la inclemencia del tiempo en la montaña, que arrastra seculares sequías con las que no se garantiza la supervivencia. La trama sucede en los años de la Segunda República en la que se prevén cambios importantes por la Reforma Agraria que se estaba llevando a cabo con la firme oposición de los privilegiados, representados aquí por el cacique local, don Timoteo, llamado el “Mimís”, ya que continuamente se refiere a “mis tierras, mi casa, mi…”. Existen otros personajes interesantes como la Tía Flora, hermana de Andrés, que ha perdido la razón desde que fue abandonada el día de su boda, Jonás un joven idealista revolucionario, el marginado brujo Tío Matías, o Cresce, un viejo pastor que es acogido en la casa familiar.

En una época histórica injusta para las mujeres —como prácticamente todas—, con la mayoría de edad a los veintitrés años, una joven pasaba de ser propiedad de su padre a ser propiedad de su marido. La única expectativa que ve Dioni es estudiar para ser maestra y poder romper esa barrera. Para ello contará únicamente con el apoyo del maestro del pueblo, que valora sus capacidades, enfrentándose a la firme oposición de su padre.

La inflexión se produce con la visita de unos alemanes, el joven Markus y el señor Hertz, que llevan a cabo un estudio filológico y etnográfico, para la publicación de una tesis. Estos personajes están basados en una visita real, realizada en los mismos años y por el mismo motivo por Albert Klemm, autor de La cultura popular de Ávila, que estuvo por la Sierra de Gredos, becado por la Alemania de Hitler.

Con este punto de partida se teje la trama que aborda temas como el sometimiento de la mujer, el caciquismo, el mundo rural, las supersticiones, el egoísmo, la generosidad… Todo ambientado con un rico vocabulario que la autora ha utilizado sin que se note, pero que recrea el paisaje y el momento. Palabras ya perdidas o en vía de hacerlo, que no nos suenan como extrañas, aunque ya no sepamos qué significan muchas de ellas: trojes, encercellar, linderas, pocilla, aguaderas, yunta, buitrón, bocín…

Las Montañas Azules, es un viaje en el tiempo, que parece lejano pero que no lo es y que nos hace conscientes de que los logros actuales se conquistaron con la lucha de gentes cercanas a nosotros. Es una historia de amor y de supervivencia.


Tres Tazas, de María Eliezer Bordallo Huidobro, Ediciones Áltera, Madrid, 2016.

Eliezer es una madrileña, cuyos padres se enamoraron de Ávila en una visita circunstancial en tren, y compraron una casa en la ciudad para veranear, llegando a pasar todo tiempo libre disponible, fines de semana, Semana Santa, etc. Circunstancia que la lleva a considerarse abulense de corazón.

Eliezer es una profesora jubilada, Licenciada en Pedagogía y en Filología, que tiene publicado anteriormente un cuento titulado “Una mujer en apuros” y que ha realizado una adaptación de “El celoso extremeño” de Miguel de Cervantes.

La protagonista de la novela, Dora, es una mujer madura que sufre la violencia de un marido borracho y de un hijo drogadicto y delincuente. Viven en un piso de la abulense calle “Tres Tazas”, cercano a una pensión regentada por su única amiga, Trinidad, la cual tiene una hija de mal carácter, Trini. Son finales de los años setenta del siglo pasado, y me atrevo a decir que se trata de una novela histórica, porque el cambio de mentalidad que se ha producido desde entonces es transcendental. Dora ve —al igual que la Dioni de Begoña— en los estudios una única vía de escape. Ella también quiere ser maestra, a pesar de que ha superado sus años jóvenes, y tiene en el cura de su pueblo —otra coincidencia, otro pueblo de Gredos, esta vez San Martín de la Vega del Alberche— a su único valedor, del mismo modo que Dioni lo tenía en el maestro. Pero Dora lo tiene mucho más difícil por su situación familiar, y debe incluso mentir y decir que está estudiando “Corte y confección”, para no confesar que a donde acude es a la escuela de adultos para sacarse el Graduado Escolar.

La situación de Dora va a confluir con la de un atormentado profesor, don Miguel, que sufre un drama inconfesable que le ha llevado a dejar la gran ciudad, para recluirse en la pequeña capital abulense, huyendo de su tragedia. Sufre además una claustrofobia que le impide incluso sobrepasar la puerta de la muralla de la cercana plaza de la cárcel, ya que la vista del campo abierto le aterroriza. Además estando en las últimas, sin dinero y sin nadie a quién recurrir más que a un antiguo compañero de estudios que no responde, es expulsado de la pensión por Trini, a causa de que lleva varios meses sin pagar, quedando desamparado en la calle, en el duro invierno abulense.

Estos dos náufragos van a encontrarse y vivir un romancen que tendrá por marco la cárcel, por esa época vacía y abandonada, antes de pasar a ser el Archivo Histórico Provincial. Al igual que la cárcel o la calle Tres Tazas, tienen protagonismo otras localizaciones como el bar Teodorillo, una ferretería del mercado Chico o el Hospital Provincial.

La narración se realiza de una forma que me ha recordado al diablo cojuelo, de Vélez de Guevara, que iba levantando los tejados para contarnos qué es lo que hace la gente que habita las casas. Así el narrador —o narradora— nos propone ir a ver qué está haciendo ahora tal o cual personaje y de una forma amable va siguiendo sus vidas.

La no vela nos habla de amor y de esperanza, de desesperación y de asfixia, de la opresión a la mujer, carente de las libertades del hombre, y de la lectura y el conocimiento como tabla de salvación. En fin, de nuestra historia reciente, en la que ya no queremos reconocernos. Afortunadamente.