jueves, 15 de septiembre de 2016

El arte en las rotondas

 INFORME que rinde el explorador galáctico 4V1L4, al serenísimo Consejo de Sabios de la Confederación de Planetas del Cinturón de Orión. Comisionado por las altas instancias galácticas para discernir si existe vida inteligente en el planeta denominado “Ladrillo Brillante” localmente, Tierra, aterricé con la nave M4D51Z en un paraje cercano al lugar del estudio.


1.- Premisas de partida. Se descartan los conocimientos científicos, que no demuestran inteligencia, sino ingenio, el mismo que puede tener un oso para escarbar con un palo en un hormiguero y comerse las hormigas. Por tanto, la materia de estudio son las expresiones artísticas, las cuales son las que revelan un contenido espiritual e inteligente en los seres.

2.- Ubicación geográfica.

El lugar ha sido elegido científicamente, utilizando las coordenadas de los mapas aborígenes que se captaron en ondas cósmicas denominadas Google Maps. Se trata del centro de una península que está en el centro de dos continentes… Podría decirse que es, por tanto, el centro del planeta Tierra. Su nombre científico es Óbila y el vulgar Ávila. En el lugar en el que descendí con la nave, según los planos, debía existir un río llamado Adaja, pero no fui capaz de encontrarlo. Sí que había una pequeña correntera, que ni para charco de ranas servía. De acuerdo con las coordenadas, el lugar se denomina Soto, estando la ciudad a tiro de láser de donde mimeticé la nave con el paisaje. Inicié una exploración pedestre posterior, en la que comprobé que Óbila es sumamente extraña, pues han levantado un muro de piedra que no sirve para nada, ya que no circunvala todo el espacio urbano y, además, se han dejado las puertas abiertas. Más bien, no tienen puertas. ¿Será olvido o desidia? Yo lo apunto como indicio del carácter de sus habitantes.

3.- Objeto del estudio. He encontrado numerosas muestras artísticas, instaladas de forma original porque, rodeándolas, han levantado un bordillo circular y hacen transitar alrededor a sus vehículos primitivos que no despegan del suelo, para que puedan admirar las creaciones de los artistas. Unen estas esculturas por unos viales que llevan de rotonda en rotonda, que es como se denomina localmente el lugar donde se colocan las obras de arte. Al ser tan innumerables, me ceñiré a describir unas pocas que considero representativas.

4.-  Análisis de las obras.

En la primera rotonda, acercándome a la ciudad desde el Soto, enfrente de lo que he sabido por un indígena que es una plaza de toros, aunque no vi ni la plaza ni los toros, hay lo que debió ser una escultura de grandes dimensiones. Hoy en día sólo quedan restos de la grúa con la que debieron desmontarla, pues son unos hierros verticales en perfil. Y bastante oxidados. ¿Desidia nuevamente?



Más adelante, en la denominada por mi navegador avenida de Juan Pablo “palo-palo”, entre la vegetación del nacimiento de un riachuelo que se pierde en la misma rotonda donde nace, hay un escultura de un varón arrodillado, que con las manos está dando impulso a otro hombre para que dé una voltereta. Es de señalar que el segundo tiene un balón en las manos. La escultura debe hacer alusión a algún deporte local, emparentado con el malabarismo. Adelanto que, a pesar de su escaso valor artístico, es la única que entendí.

Caminando un poco más adelante, en una encrucijada llamada de Burgos Hondos, o algo parecido, me encontré con lo que debió ser una de las puertas del muro de la ciudad, pero está medio tumbada y oxidada. Nueva muestra de la dejadez. Otra más. Aparte de estos escombros no hay ninguna escultura, aunque es un lugar preparado para contenerlas.

Dando algún salto espacial, y obviando repeticiones, trataré algún ejemplo más.

En la denominada calle de los Hornos Caleros, en lugar de encontrar algún horno de gitanos, hay una escultura con unos hierros colocados arbitrariamente, ya que si se colocan en otra disposición daría exactamente igual, así que no es necesario describirla. Similar a esta son la mayoría de las que restan, por lo que no las analizaré. Tan sólo queda anotar el detalle de que, al menos, a ésta la han pintado de azul para que no se oxide como las otras.

Frente a lo que denominan Subdelegación del Gobierno, que debe ser algo como que se delega la gobernación por debajo ¿de qué?, han tenido la cachaza de plantar una cremallera de gran tamaño, que yo inquirí a un nativo y me dijo que era una metáfora de la ciudad que se abre al visitante. “¿Y no podría cerrarse?”, pregunté yo. “Sí claro, eso también, cada uno lo interpreta a su aire”. Respondió, y no tengo más que comentar.

Luego he visto varias esculturas con formas humanoides, generalmente mujeres, en el centro de la ciudad. Una subida a un poste muy alto, otra tumbada con un libro al pie del muro, otra sobre unas piedras colocadas en círculo… Pero a éstas no deben darles importancia, ya que no les han hecho rotondas alrededor para que se puedan visitar en coche.


5.- Conclusión. Como experto en Arte Universal, egresado de la más prestigiosa Universidad de la Galaxia, opino que no existe vida inteligente en la Tierra y que debemos esperar otros cinco mil años, al menos, para que ésta se desarrolle.

(Este relato fue publicado en el libro "El mundo según los abulenses", Éride Ediciones, Madrid, 2015, del cual ha salido el volumen 2 en 2016, publicado por "La sombra del ciprés")

martes, 30 de agosto de 2016

De las montañas azules a las tres tazas

Voy a realizar la reseña de dos novelas, que acabo de leer seguidas y en las que he encontrado muchas similitudes, a pesar de sus distancias.

Se trata de dos mujeres, dos abulenses —una de nacimiento y otra de corazón—, dos filólogas y profesoras, dos primeras novelas, dos novelas históricas situadas en el siglo XX, con dos protagonistas —mujeres— que han de luchar contra las convenciones sociales que las marginan, vislumbrando en el estudio una vía de escape. Y, por último, dos novelas que recomiendo sin reservas, porque me han hecho disfrutar de su lectura.

Las montañas azules, de Begoña Ruiz Hernández, publicada por Cuadernos del Laberinto, Madrid, en 2016, y que rápidamente alcanzó su segunda edición.

Begoña trabaja como profesora en un instituto de secundaria de Ávila, y nació en El Losar del Barco. Es licenciada en Filología Inglesa, tiene publicado algún cuento y es colaboradora de El Diario de Ávila.

Su novela está ambientada en 1933 en una zona montañosa que claramente es trasunto de su localidad de nacimiento, pero cuyo nombre es inventado, Las Cimeras, población cercana a otra, Las Bajeras, cuya ciudad de referencia se llama Santa María, utilizando una licencia literaria similar a la Vetusta/Oviedo de Clarín. El ambiente rural de esas montañas, que la protagonista ve azules por la perspectiva aérea y que simbolizan la barrera que quiere atravesar, es claramente la Sierra de Gredos.

Dionisia es una joven de veinte años, con un hermano, Andresito, de nueve y unos padres, Andrés y Vicenta, que viven acuciados por la inclemencia del tiempo en la montaña, que arrastra seculares sequías con las que no se garantiza la supervivencia. La trama sucede en los años de la Segunda República en la que se prevén cambios importantes por la Reforma Agraria que se estaba llevando a cabo con la firme oposición de los privilegiados, representados aquí por el cacique local, don Timoteo, llamado el “Mimís”, ya que continuamente se refiere a “mis tierras, mi casa, mi…”. Existen otros personajes interesantes como la Tía Flora, hermana de Andrés, que ha perdido la razón desde que fue abandonada el día de su boda, Jonás un joven idealista revolucionario, el marginado brujo Tío Matías, o Cresce, un viejo pastor que es acogido en la casa familiar.

En una época histórica injusta para las mujeres —como prácticamente todas—, con la mayoría de edad a los veintitrés años, una joven pasaba de ser propiedad de su padre a ser propiedad de su marido. La única expectativa que ve Dioni es estudiar para ser maestra y poder romper esa barrera. Para ello contará únicamente con el apoyo del maestro del pueblo, que valora sus capacidades, enfrentándose a la firme oposición de su padre.

La inflexión se produce con la visita de unos alemanes, el joven Markus y el señor Hertz, que llevan a cabo un estudio filológico y etnográfico, para la publicación de una tesis. Estos personajes están basados en una visita real, realizada en los mismos años y por el mismo motivo por Albert Klemm, autor de La cultura popular de Ávila, que estuvo por la Sierra de Gredos, becado por la Alemania de Hitler.

Con este punto de partida se teje la trama que aborda temas como el sometimiento de la mujer, el caciquismo, el mundo rural, las supersticiones, el egoísmo, la generosidad… Todo ambientado con un rico vocabulario que la autora ha utilizado sin que se note, pero que recrea el paisaje y el momento. Palabras ya perdidas o en vía de hacerlo, que no nos suenan como extrañas, aunque ya no sepamos qué significan muchas de ellas: trojes, encercellar, linderas, pocilla, aguaderas, yunta, buitrón, bocín…

Las Montañas Azules, es un viaje en el tiempo, que parece lejano pero que no lo es y que nos hace conscientes de que los logros actuales se conquistaron con la lucha de gentes cercanas a nosotros. Es una historia de amor y de supervivencia.


Tres Tazas, de María Eliezer Bordallo Huidobro, Ediciones Áltera, Madrid, 2016.

Eliezer es una madrileña, cuyos padres se enamoraron de Ávila en una visita circunstancial en tren, y compraron una casa en la ciudad para veranear, llegando a pasar todo tiempo libre disponible, fines de semana, Semana Santa, etc. Circunstancia que la lleva a considerarse abulense de corazón.

Eliezer es una profesora jubilada, Licenciada en Pedagogía y en Filología, que tiene publicado anteriormente un cuento titulado “Una mujer en apuros” y que ha realizado una adaptación de “El celoso extremeño” de Miguel de Cervantes.

La protagonista de la novela, Dora, es una mujer madura que sufre la violencia de un marido borracho y de un hijo drogadicto y delincuente. Viven en un piso de la abulense calle “Tres Tazas”, cercano a una pensión regentada por su única amiga, Trinidad, la cual tiene una hija de mal carácter, Trini. Son finales de los años setenta del siglo pasado, y me atrevo a decir que se trata de una novela histórica, porque el cambio de mentalidad que se ha producido desde entonces es transcendental. Dora ve —al igual que la Dioni de Begoña— en los estudios una única vía de escape. Ella también quiere ser maestra, a pesar de que ha superado sus años jóvenes, y tiene en el cura de su pueblo —otra coincidencia, otro pueblo de Gredos, esta vez San Martín de la Vega del Alberche— a su único valedor, del mismo modo que Dioni lo tenía en el maestro. Pero Dora lo tiene mucho más difícil por su situación familiar, y debe incluso mentir y decir que está estudiando “Corte y confección”, para no confesar que a donde acude es a la escuela de adultos para sacarse el Graduado Escolar.

La situación de Dora va a confluir con la de un atormentado profesor, don Miguel, que sufre un drama inconfesable que le ha llevado a dejar la gran ciudad, para recluirse en la pequeña capital abulense, huyendo de su tragedia. Sufre además una claustrofobia que le impide incluso sobrepasar la puerta de la muralla de la cercana plaza de la cárcel, ya que la vista del campo abierto le aterroriza. Además estando en las últimas, sin dinero y sin nadie a quién recurrir más que a un antiguo compañero de estudios que no responde, es expulsado de la pensión por Trini, a causa de que lleva varios meses sin pagar, quedando desamparado en la calle, en el duro invierno abulense.

Estos dos náufragos van a encontrarse y vivir un romancen que tendrá por marco la cárcel, por esa época vacía y abandonada, antes de pasar a ser el Archivo Histórico Provincial. Al igual que la cárcel o la calle Tres Tazas, tienen protagonismo otras localizaciones como el bar Teodorillo, una ferretería del mercado Chico o el Hospital Provincial.

La narración se realiza de una forma que me ha recordado al diablo cojuelo, de Vélez de Guevara, que iba levantando los tejados para contarnos qué es lo que hace la gente que habita las casas. Así el narrador —o narradora— nos propone ir a ver qué está haciendo ahora tal o cual personaje y de una forma amable va siguiendo sus vidas.

La no vela nos habla de amor y de esperanza, de desesperación y de asfixia, de la opresión a la mujer, carente de las libertades del hombre, y de la lectura y el conocimiento como tabla de salvación. En fin, de nuestra historia reciente, en la que ya no queremos reconocernos. Afortunadamente.

domingo, 14 de agosto de 2016

Los primeros tebeos de la Historia II

Crátera Ática de estilo geométrico
Continuando el repaso a las narraciones realizadas con secuencias de imágenes en la Edad Antigua, iniciado en la entrada anterior, ahora nos toca pasar de largo ante la brillante cultura griega, base de nuestra civilización que, debido a su afán esteticista, no nos va a dejar ejemplos de narraciones gráficas. Pero, ¿no los hubo o no han pervivido? No conservamos restos de su pintura, que no ha superado el paso de los siglos, excepto en la cerámica. Ésta, de figuras esquemáticas y generalmente planas sobre fondos muy contrastados, posee numeroso material donde poder indagar, ya que tenían muchas veces el propósito de relatarnos las hazañas de sus héroes y dioses. Bastaría con encontrar secuencias gráficas consecutivas y no meras ilustraciones. La misma labor habría que realizar en los bajorrelieves.

La continuidad natural de la cultura griega se dio en la romana y aquí, exceptuando los numerosos mosaicos, sobrevivieron escasas pinturas, de las que tenemos restos porque las pusieron a salvo las erupciones sobre Pompeya y Herculano, pero de ellas tampoco podemos extraer ejemplos de narraciones gráficas.

Sarcófago romano
Donde sí las encontramos abundantemente es en los sarcófagos romanos, que solían tener representaciones de la vida cotidiana. Valoraremos un ejemplo donde se narra el proceso de siembra, recolección del trigo y preparación del pan, realizado por la misma persona, la cual se repite en cada acción. Las escenas se separan por bandas o calles; primero se representa el arado del campo con bueyes, luego las labores con la azada, el molido del trigo y la cocción del pan en el horno.

Columna Trajana
El otro ejemplo lo extraeremos de uno de los elementos más representativos del arte romano, como son los monumentos conmemorativos, se trata de la Columna Trajana. Esta joya se eleva semejando un monolito egipcio y tiene todo su fuste esculpido con un bajorrelieve continuo, que se enrolla como si fuese un papiro. En esta faja espiral se representan sucesivamente las dos campañas militares de Trajano organizadas en 155 contra los dacios. Hay episodios de guerra, junto a otros de importancia política y todos ellos son representados de forma detallista, con información geográfica e histórica. Si pensamos que, originalmente, estaba todo policromado, podríamos visualizar uno de los más asombrosos tebeos de la Edad Antigua, al que se dio una importancia de primera magnitud. Colocado en el lugar de más afluencia pública, como era el foro, frente al templo y detrás de la basílica Ulpia, buscaba un fin didáctico y adoctrinador, para que los romanos pudieran “leer” las hazañas de su emperador.

Apoteosis Antonino Pío
Como estamos dando un paseo por ejemplos, y no una revisión exhaustiva, veremos un pequeño relieve en marfil, tocando así las realizaciones más diversas. Es la Apoteosis de Antonino Pío, realizada en el siglo V. Nuevamente se quiere dejar un alegato del “buen gobernante” y se talla un pequeño tebeo con tres escenas sucesivas, que se leen de abajo a arriba, repitiéndose la imagen del protagonista en cada una de ellas. Estas repeticiones de personajes son destacables ya que singularizan la narración gráfica, puesto que obviamente han de ser sucesivas, dejando un tiempo variable entre secuencias con elipsis temporales, que es precisamente la forma de narrar de los tebeos. En la primera viñeta está Antonino Pío guiando a los ejércitos desde un elefante, luego imparte justicia y por fin es subido a los cielos por dos ángeles. ¿Es el resumen de una vida o pura propaganda?

Para finalizar incluiremos al menos algún ejemplo de las culturas americanas precolombinas, que aunque en gran parte se desarrollaron cronológicamente en tiempos que coincidían con la Edad Media europea, el hecho de su aislamiento geográfico les ha dado unas características que les asemeja sobre todo a las culturas de la Historia Antigua, particularmente quizá a Egipto y Mesopotamia.

Las grandes civilizaciones de Mesoamérica (mayas, aztecas, mixtecas, zapotecas, otomíes, etc.) registraron sus conocimientos en códices desde épocas muy remotas, así la ciencia, la religión, la historia o la economía. Para ello existía una especie de notarios públicos, o escribas, que eran a la vez pintores, dibujantes o muralistas y que, en lengua náhuatl, se denominan tlacuilos. Un tlacuilo era aquel que escribía pintando, o el que pintaba escribiendo. ¿Existe alguna definición más apropiada para un historietista?

Códice Borgia
Los códices se realizaban en papel de amate, piel de venado, tela de algodón y a veces papel de maguey, utilizando tinta negra o roja. Eran largas tiras que se doblaban en acordeón y se guardaban en amoxcallis, o casas de códices. Las imágenes se complementaban con unos textos, que sólo eran capaces de leer los escribas. Los documentos se leían extendidos en esteras para protegerlos del suelo, situándose el lector y los oyentes alrededor para observar las imágenes. Es decir, era necesario completar el sentido del texto con la observación de los dibujos. El orden de lectura era diferente al nuestro, de derecha a izquierda y a veces en zig-zag. Predominaban los dibujos narrativos que muchas veces eran yuxtaposiciones de secuencias que explicaban hazañas míticas. Son auténticas narraciones gráficas en plena madurez.

Códice Historia Tolteca Chichimeca
Después de la conquista española, esos tlacuilos continuaron ilustrando códices, esta vez para los europeos, registrando en escritura latina la información que contenían varios códices y anales históricos aztecas, mezclando también el dibujo con la palabra escrita.

Tlacuilo


viernes, 29 de julio de 2016

Los primeros tebeos de la Historia I

Bajo la etiqueta de Narrativa Gráfica (NG) estoy llevando a cabo la publicación en este blog de un trabajo mucho más amplio, que escribí hace unos años y que aún no ha sido publicado. Con Narrativa Gráfica me estoy refiriendo a una manifestación artística que ha recibido varios nombres según su ubicación geográfica: historietas, comic, BD o bande dessinée, cuadrinhos, fumetti, monitos, manga…

Considerando que existe un lenguaje consistente en la disposición ordenada de secuencias gráficas que pueden enriquecerse, o no, con convencionalismo como textos, viñetas, etc., y que ésta es una forma de expresión tan natural en el ser humano como por ejemplo la música, voy a dar un paso más y voy a demostrar que en la etapa histórica de la Edad Antigua, existieron creaciones narrativas, que nada tienen que ver con las artes plásticas, aunque partan de formas de ejecución similares. Este enorme periodo histórico lo voy a resumir en dos entradas consecutivas, y me fijaré más en explicar los ejemplos, que en realizar un catálogo exhaustivo.

Voy a ejemplificar una etapa histórica de que va desde la segunda mitad del cuarto milenio antes de Cristo hasta el 476 d.C., y cuya geografía es muy diversa, porque en esa época las distancias proporcionalmente eran mayores por la precariedad de los medios de transporte, lo que hizo que mundos lejanos se convirtieran en lugares exóticos o desconocidos entre sí.

Empezaremos por aclarar someramente cómo se logró el invento de la escritura, que es algo crucial al dar inicio al periodo propiamente histórico, en oposición a la prehistoria, y al ser uno de los elementos que pueden enriquecer las NNGG.

Tablilla de Uruk
La escritura aparece en Mesopotamia aproximadamente en el 3300 a.C. y, en primer lugar, fue pictográfica, lo que quiere decir que ponían un dibujo para cada palabra; eran símbolos de palabras y conceptos, no representaban objetos o animales aunque se parecieran. La escritura jeroglífica egipcia, que se basa en dibujos reconocibles, progresa durante 3000 años, pero no avanza, sino que se complica incrementando el número de pictogramas. La escritura pictográfica evolucionó hacia la escritura ideográfica, en la que sus signos o combinaciones designan ya conceptos; por ejemplo el dibujo de un huevo más el dibujo de un ave, significaría “nacimiento”.
Escritura cuneiforme ugarítica
Hacia el 2700 a.C tenemos ejemplos de escritura logográfica, denominada couneiforme al estar compuesta por cuñas combinadas, correspondiendo cada signo o grupo de signos a una palabra e introduciendo los fonogramas, los cuales al ser leídos sugieren palabras a manera de nuestros jeroglíficos y no a la de los egipcios (por ejemplo un sol y un dado formarían soldado). El sistema silábico aparece alrededor del 2400 a.C., en el que cada signo es una sílaba, escritos todavía en grafía cuneiforme, que es totalmente abstracta, sin referencias icónicas realistas. En el 1400 a.C. aparece el alfabeto ugarítico (de Ugarit, en Siria-Palestina) con 30 signos, en el que cada signo cuneiforme es una vocal o consonante. Y en el 1200 a.C. surge el alfabeto cursivo fenicio, en Byblos, que da comienzo a nuestro sistema universal de escritura.

Dejando como referencia la invención de la escritura pasemos ya a la NG. En Oriente Medio, la cuna de la civilización, donde primeramente surgió el lenguaje escrito, surgirán también los primeros intentos serios de utilizar los dibujos yuxtapuestos con intención de narrar.

Estela de Ur Nanshe
Pondremos como primer ejemplo la Estela de Ur Nanshe, de unos 4500 años de antigüedad, aunque no podamos asegurar que sea ésta la primera figuración narrativa de la Historia. La escena superior muestra al rey Ur Nanshe de Lagash como constructor y en la inferior está el mismo personaje presidiendo una sesión del Consejo real o simposium, en una magnífica síntesis de su labor como rey, lo cual es el mensaje de la narración, explicando que el gobernante estaba totalmente capacitado para su cargo. Las características plásticas no le piden al lector que “se extasíe” con la belleza de la estampa, sino que lea lo que se le cuenta. Entre los recursos narrativos tenemos al poderoso rey destacando por su tamaño entre sus súbditos, simbolizando la preeminencia jerárquica. Tampoco se dibuja personas con intención realista ni estética, sino que se las representa a la manera de las caricaturas o cartoons: son personajes. Hay una nítida separación de escenas a modo de viñetas, que se han de leer de forma sucesiva. Y, por fin, existe escritura integrada que complementa el relato, situada en los huecos que deja el dibujo, e incluso en la vestimenta de los personajes, lo cual nos recuerda los primeros diálogos que aparecerán muchos siglos más tarde en el faldón del Yelow Kid, considerados por muchos como los primeros bocadillos o ballons.

Tumba del escriba Menna en Sheikh Abd El-Qurna
Como se puede constatar, generalmente son escultóricos los restos conservados, no porque no pintasen por entonces, sino porque las pinturas tienen una vida más corta y no sobrevivieron. Egipto será la única cultura de la Edad Antigua que nos dejó gran cantidad de pintura, debido al hecho singular de que se esmeraron especialmente en hacer tumbas majestuosas que han permanecido selladas durante siglos. Estas pinturas, unidas a la gran cantidad de bajorrelieves que nos ha legado esta vasta cultura a lo largo de más de tres mil años, representa un gigantesco tesoro para la humanidad.

Magnífico tebeo de la tumba de Menna
La escritura egipcia era tan complicada que llevó a los escribas a convertirse en personajes ricos e importantes. Uno de ellos, Menna, nos ha dejado una magnífica tumba con uno de los mejores tebeos de la antigüedad. Nos cuenta con una sucesión de dibujos leídos desde abajo hacia arriba y en zig-zag, el proceso agrícola desde que los campesinos siegan el trigo, lo transportan en cestas, lo extienden en el suelo para que lo pisen los bueyes y lo aventan para separar la paja; luego los escribas anotan la cosecha, los funcionarios miden la tierra a efectos fiscales, siendo castigados algunos campesinos que, al igual que hoy en día ocurre en tantas profesiones, pretendían evadir el pago de los impuestos. Termina el proceso con el transporte del producto en embarcaciones. Todo es narrado con imágenes sucesivas, coherentes y que se leen.

Tumba de Seti I
La pintura en Egipto es abundante y debería hacerse una exhaustiva catalogación rescatando las narraciones gráficas. Como muestra pondremos ahora un último ejemplo pictórico, la Tumba de Seti I, en el Valle de los Reyes, que ya no comentaremos por ser más de lo mismo.

Pero no podemos dejar esta cultura sin comentar algún tebeo en forma de libro, lo cual nos acerca a la manera en que acostumbramos a leer las narraciones gráficas. En los sarcófagos generalmente se colocaba un papiro con el denominado Libro de los Muertos, que contiene unos doscientos capítulos. Normalmente el capítulo sobre el juicio ante Osiris aparecía ilustrado, o narrado gráficamente, con escenas sucesivas y el apoyo de textos jeroglíficos. El Papiro Hunefer  tiene secuencias yuxtapuestas, con el texto integrado. En ellas puede verse al dios Anubis llevando de la mano al difunto y, a continuación, al mismo dios pesando el corazón del individuo en la balanza, con el contrapeso de una pluma, mientras el dios Toth toma nota en una tablilla. Luego el difunto es conducido ante Osiris, con quien debe realizar el acto de confesión.

Papiro Hunefer

(Continuará)

viernes, 15 de julio de 2016

Mi propuesta de reforma de la ortografía

El Español me refiero al idioma y yo prefiero llamarlo Castellano por la misma razón por la que se denomina Inglés a la lengua anglosajona tiene una ortografía que es casi fonética, lo cual debía facilitar su aprendizaje y escritura, pero presenta algunas peculiaridades que lo complican y lo enmarañan y la prueba está en la torpeza con que se escribe en las redes sociales. Hoy me molestan mucho esas faltas de ortografía, pero aún recuerdo los dolores de cabeza que me producían las reglas en la etapa escolar.

Ya que la escritura se ha democratizado, ¿debemos jubilar la ortografía, como pedía García Márquez? ¿O arreglar algunos despropósitos, como solicitaba Juan Ramón Jiménez instando a escribir siempre con jota el sonido fricativo velar sordo?

Tan solo veo dos caminos al respecto. Uno es respetar las reglas sancionadas por la RAE castigando a copiar cien veces al que no lo haga bien y otra efectuar una reforma que acabe de una vez con todos los problemas, sea de mayor o menor calado.

Hay quien me dirá que esto tan solo puede realizarlo la Academia hablando de forma abstracta e inclusiva y refiriéndome a todas las academias de la lengua castellana. Pero eso es falso, ya que la Academia no inventa reglas, sino que actúa como notaria, fijando unas normas y voces que recogen de los hablantes –“limpia, fija y da esplendor”. Así que, si entre todos nos ponemos de acuerdo, la RAE tan solo podrá sancionar lo que hagamos.

El debate ya está abierto en varios ámbitos,  y yo voy a aportar humildemente mi solución. Son cinco puntos únicamente. El objetivo sería la simplificación, dejando una ortografía tan sencilla y clara como la lengua hablada, la cual a nadie le presenta problemas, pues nadie habla con faltas de ortografía, salvando dialectos y acentos locales.

1.- En primer lugar, no podemos prescindir de las tildes, ya que cada palabra castellana de más de una sílaba puede pronunciarse de tantas formas como sílabas tenga. Lo que sí podemos evitar es el absurdo de acentuar llanas y agudas según acaben o no en vocal, ene o ese, lo cual es completamente arbitrario. ¿Por qué no en equis o en eme? Mi propuesta es que como la mayoría de las palabras castellanas son LLANAS, éstas no llevarían NUNCA tilde, acaben como acaben, y sí la lleven todas las que no lo sean agudas, esdrújulas y sobreesdrújulas. Otra cosa es la tilde diacrítica que diferencia palabras homónimas o la tilde que deshace diptongos, las cuales deberían continuar como hasta ahora, ya que no existe alternativa.

2.- Desaparece por completo la hache, y punto. Pero no la che.

3.- El sonido de la jota se escribiría siempre con esta letra, según quería Juan Ramón Jiménez, y el sonido alternativo de la “gue” me permito esta licencia para no pronunciar ge, es decir je sería igual ante las cinco vocales, eliminando la u ante e y ante i. Por lo tanto hemos eliminado también la diéresis.

4.- Desaparece por completo la uve y siempre se escribiría este sonido con be. Al igual que la uve doble, que sobra en castellano y puede representarse por la nueva ge léase gue.

5.- En cuanto a la ka, ce, qu y zeta lo veo lo más complicado, ya que la primera es una letra fea y escasa, la segunda tiene una pronunciación generalizada más próxima a la ese en muchos lugares y la tercera y cuarta no son muy comunes. Mi propuesta es suprimir la ka, utilizar la ce siempre para el sonido ka, y no solo ante algunas vocales, hacer desaparecer la qu por innecesaria y utilizar la zeta siempre para este sonido.

Esto sería todo. Habría otros temas a tratar, pero ya no haría más modificaciones. Creo que deberíamos continuar –por ejemplo con la dualidad elle y ye, ya que un sonido procede de una consonante y el otro de una vocal, y son diferentes. Eso sí, hay que incidir en esas diferencias fonéticas, al igual que en diferenciar la ce suave y la ese. Afinemos el oído.

Después de exponer lo que me parece más lógico, me entra el miedo y confieso que yo no lo voy a poner en práctica.

Tal vez la solución sea ir por partes y no de forma global, esperando que cada punto sea aceptado. El primer punto, el de las tildes, me parece el más necesario, sencillo y útil. Una vez admitido podríamos probar con la desaparición de la hache o con lo de la jota, y así.

Otra solución es que los que escribimos o sea, todo el mundo hoy en día nos dividamos en dos grupos, uno los que pensamos respetar las reglas, porque las conocemos, y otro los que no las van a respetar, porque no las conocen o dudan. A estos es a los que les pediría que sean los que comiencen a utilizar estas simplificaciones o atajos, que darían coherencia a sus escritos. Ya que van a escribir mal, que lo hagan con lógica, para que los demás podamos leerlos sin sufrir. Las academias acabarán por sancionar lo que sea mayoritario.

miércoles, 29 de junio de 2016

Tres microrrelatos y medio

MI GATO

Zarpas hoy tiene el semblante serio, yo diría que sufre. Y sufre al verme a mí llorar de forma angustiosa. Estoy seguro de que los animales tienen sentimientos y hoy veo el dolor en la cara de mi gato, al igual que ayer veía su alegría. Ayer le chispeaban los ojos y su expresión iluminaba la casa.

Pero no se lo diré a nadie, porque pensarán que es cosa mía y que el motivo por el que ayer lo notaba contento, es porque al fin me comunicaron el esperado ascenso en el trabajo, y su angustia de hoy se debe a la repentina muerte de mi amada Elena, que me dejará en la más absoluta soledad, tras veinticinco años de convivencia. Todos juzgarán que la alegría y tristeza de Zarpas son reflejo de mis estados de ánimo. Que yo veo en él lo que siento por dentro.

Ahora no me comprenden, querido Zarpas, pero dentro de poco me llamarán loco por hablar con una mascota de porcelana como tú.

TARDE SOMBRÍA

Tuve una tarde sombría, mi humor turbio no me permitía disfrutar de la película de cine mudo que pasaban por un canal de la TDT. Para rematarlo, ella entró en casa dando un portazo y cruzó por delante de mí sin saludarme siquiera. Ignorándome, recorrió mecánicamente un espacio que le es muy familiar. Todavía me guarda rencor por la discusión de anoche. No puedo olvidar que me soltara un “imbécil”, yéndose a continuación malhumorada a la cama.

Pero mi indignación de esta tarde se transformó en alarma cuando tras cuarenta minutos no oí que saliera del cuarto de baño. No había ruido de agua. La llamé desde el salón: “¡Laura! ¡Laura!”. Me acerqué a la puerta y repetí su nombre una y otra vez… Me temí que hubiera hecho una tontería y no lo pensé más, al comprobar que no se había cerrado por dentro, abrí de golpe la puerta y… Allí estaba ella, sentada en la banqueta, pintándose las uñas de los pies.

Cariño, dijo sonriendo, tras quitarse un auricular del smartphone no sabía que estabas en casa. ¿Cómo es que has venido tan pronto hoy?

“¡Imbécil!” Me dije para mis adentros, volviéndole la espalda.

ESE POEMA

—A ver, Alberto, léenos tu composición poética —dijo el profesor, disparando con el dedo índice al tímido alumno, que no se esperaba aquello y para él era un mal trago.

—Separé los pétalos de la flor —comenzó el muchacho sonrojándose— y acerqué mi nariz, cerrando los ojos, para aspirar el denso perfume que esparcía su carnosa fragancia, impregnando mis labios con la dulce humedad interior…

—Sinvergüenza… —cortó el profesor, arrancando el folio de papel de las manos del asustado muchacho y haciéndolo pedazos, ante la momentánea incomprensión del resto de la clase—. ¿Cómo te atreves con un relato pornográfico?

Estas últimas palabras fueron coreadas por una risotada general, siendo Alberto el único que siguió sin comprender.

EL PRECIPICIO

El precipicio tenía una caída libre de, al menos, doscientos metros. Lo digo a ojo, porque no llegué a caer, ya que aprendí a volar.


lunes, 13 de junio de 2016

Hacia dónde vamos

Hubo épocas en la Historia de la Humanidad, en las que para el mantenimiento del ser humano se necesitaron muchos y variados trabajos. En la prehistoria, antes del neolítico, esos trabajos tan solo eran la caza, recolección y cuidados de niños y ancianos; pero el neolítico los multiplicó con la siembra y cuidado de los campos, la fabricación de utensilios cerámicos, herramientas y edificaciones, además de la defensa armada en contra de los vecinos, que produjo imperios, guerras y desastres. Esta situación poco varió a través de los siglos, culminando en el Antiguo Régimen, con una sociedad compuesta de nobleza, clero y estado llano, en la que solo este último estamento realizaba todos los trabajos para el mantenimiento de la sociedad.

Con la industrialización y el descubrimiento de energías como el vapor y la electricidad, se potenció el empleo de multitud de trabajadores, primero semi esclavizados, pero que fueron consiguiendo poco a poco derechos, con la amenaza de una revolución que diera la vuelta a los papeles. Así se creó una sociedad que avanzó hacia la socialdemocracia en el siglo XX y al estado del bienestar, la cual matizó el salvaje capitalismo decimonónico que propiciaba niños pequeños trabajando en las minas y jornadas de más de doce horas diarias.

Pero el bienestar social se estancó y retrocedió con la actual crisis económica del siglo XXI. Ejemplo significativo es una nueva realidad: los jubilados cobran ya una media superior a los jóvenes que comienzan a trabajar y han de mantener sus pensiones.

Hay quien se ríe de cosas como el salario social básico, o renta mínima, que se votó hace poco en Suiza, de 2.250 € mensuales para toda la población, trabajadores o no. El miedo a invasiones extranjeras en busca de asegurar la subsistencia asustó a los suizos que votaron mayoritariamente en contra. Pero no hay más futuro que este.

¿Hacia dónde vamos?

Yo veo un abismo, que hay que abordar con un puente o acabaremos precipitándonos en él. Me refiero al desastre social propiciado por la robotización.

Un robot, llamado Deep Blue, le ganó una partida de ajedrez al campeón mundial Kasparov en 1996. Ya no vamos al banco, sino al cajero automático; antes en los peajes de las autopistas había personas, ya no; los procesos industriales están semi automatizados, caminando hacia la automatización plena; existen coches que se conducen solos, e incluso camiones, y ya se realiza el reparto de mercancías con drones; un robot puede ser el recepcionista en un hotel y otro el presentador del telediario, o incluso profesor universitario. Ya nadie duda de que los robots puedan operar quirúrgicamente, poner una multa de tráfico o cambiar un pañal a un bebé.

El pensamiento neoliberal de nuestros días tiene una fe religiosa en el mercado, creyendo que éste será capaz de regular las relaciones entre el capital y el trabajo. Pero están ciegos, no ven hacia dónde vamos. En poco tiempo el obrero no será necesario, y el obrero es el que sostiene el mercado con su oferta de mano de obra y demanda de productos. Pronto tan sólo existirán el capital y un cuerpo de ingenieros que diseñen, coordinen y reparen la industria automatizada. Ni siquiera será necesario que construyan esos robots, ya que serán construidos por otros robots.

Como no será necesaria la mano de obra humana, podemos imaginar a la sociedad -no futura, sino inmediata-, empobrecida y a los privilegiados encerrados en zonas residenciales valladas, o amuralladas con un ejército de seguridad privada asomado a las almenas, para evitar ser asaltados por los parias de la Tierra.

También serán necesarios los religiosos con una doble función, primero tranquilizar las conciencias de los acaparadores y luego la de los desposeídos, a los que los enseñará -otra vez- a resignarse con su triste suerte. Los que nazcan en la opulencia se reproducirán endogámicamente, ya que serán los únicos que podrán tener estudios universitarios y trabajos adquiridos a través del nepotismo. Es decir una minoría enriquecida aislada de unas masas hambrientas y sumidas en la ignorancia.

El estrangulamiento del Estado por parte del liberalismo trasnochado, da el poder al capital, a las transnacionales y serán únicamente éstas las que controlarán el poder político. Lo están haciendo ya.

Ante este desastre, tan solo veo un camino que aporto como colofón a mi razonamiento, que es el fortalecimiento de un Estado que se haga con los medios de producción, para que sea el Estado y no el particular, el que obtenga el beneficio, y así poder invertirlo en la sociedad, logrando al fin la justicia social. Pienso que esto es compatible con la propiedad privada, ya que no estoy pidiendo más que un proceso de nacionalizaciones de las grandes industrias, dejando a salvo las pequeñas empresas privadas y a los autónomos.

No planteo una revolución, sino ir dando pasos para acercarnos al horizonte que andamos buscando, para no dejar que el neo capitalismo potencie las desigualdades.

La única alternativa al desastre es que un Estado, económicamente fuerte, erradique el paro, invirtiendo en trabajo en lugar de en elitistas infraestructuras ferroviarias, por ejemplo. Y todos saldríamos ganando. Podría emplearse a la gente en la reforestación mundial, el cuidado de enfermos y desvalidos, la investigación científica, los yacimientos arqueológicos, la lucha contra los incendios forestales, la educación, el ocio, la cultura, etc. Estos trabajadores, satisfechos por contribuir a la sociedad, tirarán del resto de la economía, del comercio, de la pequeña empresa privada, del turismo, etc. Y donde no llegue el trabajo, no queda otro remedio que la renta mínima garantizada.

Pero esta inversión tan solo será posible si la realiza un Estado democrático, que sea el que saque los beneficios de la producción y planifique una economía sostenible, tanto ecológica como socialmente. Esto jamás lo harán las multinacionales que, aparte de abonar dividendos a sus accionistas, no se preocupan más que de que los magnates suban puestos en el ranking de Forbes y de que su yate sea más grande y lujoso.

Ahora toca votar y somos más que los acaparadores, el futuro está en nuestras manos.