lunes, 15 de mayo de 2017

El esplendor de los tebeos en la Edad Media I

(01) Apocalipsis de Mahoma, Harat, 1436
Biblioteca Nacional, París
La Edad Media no solamente no es oscura y fría, como se ha asentado en la imaginación popular, sino que, además de ser cálida climatológicamente, debido a unas temperaturas medias superiores a las etapas precedente y posterior, supone, para los amantes de los tebeos, el período de mayor esplendor de la Narrativa Gráfica en toda la Historia de la Humanidad anterior al siglo XX. Cronológicamente va desde 476, con la caída del Imperio Romano de Occidente, hasta que desaparece en Imperio Romano de Oriente, o Bizancio, en 1453, con la toma de Constantinopla por los turcos. En un arco cronológico tan extenso se dieron multitud culturas, con un denominador común, que todas produjeron tebeos. Nos basaremos en unos pocos los ejemplos gráficos para demostrarlo.

(02) Suma histórica de Rasid al-Din
siglo XIV, Librería Universitaria,
Edimburgo
Veamos en primer lugar el mundo musulmán, del que se asegura que nunca hizo representaciones de la figura humana y mucho menos de su principal profeta, Mahoma. El ejemplo es un códice de 1436, su título es Apocalipsis de Mahoma (01). No faltan ni las viñetas yuxtapuestas, ni el texto integrado en el dibujo, ni las figuras humanas. En la primera de las escenas el Arcángel Gabriel se presenta ante el ángel de las setenta cabezas y en la segunda ante los profetas Juan y Zacarías. El siguiente tebeo es la Suma histórica de Rasid al-Din (02), que relata gráficamente en numerosas imágenes la vida del Profeta desde su nacimiento, hecho que está representado en la primera viñeta. En la segunda está el encuentro de Mahoma niño con el monje Bahira, luego la aparición al Profeta del Arcángel Gabriel y, por último, Mahoma depositando la piedra negra en el interior de la Ka'ba. También hay texto integrado en el dibujo, para que no le falte de nada.

(03) Canon Mayor de Avicena, s. XIV,
Biblioteca Universitaria, Bolonia
Ahora un ejemplo judío (03). Observemos las letras hebraicas en una página miniada perteneciente al Canon Maior de Avicena, el más ilustre de los médicos árabes.

Y acabemos con los teóricos iconoclastas trayendo un tebeo bizantino del siglo XI, que ilustra la poda de la viña y el pago a los trabajadores en dos acciones sucesivas yuxtapuestas (04).

(04) Miniatura bizantina del siglo XI
El mundo cristiano, a diferencia de los anteriores es vivamente imaginero. Empecemos por el Arte Paleocristiano, que hunde sus raíces al final del Imperio Romano, donde se recogerá la mayor parte de su producción. Del Pentateuco de Tours (05) se conservan 19 páginas miniadas que narran la historia del Antiguo Testamento con diversas secuencias sobre fondos monocromos, distribuidos en bandas que fijan el orden de lectura y con separación de escenas por arquitecturas, o fusión de escenas consecutivas en el mismo espacio. El texto, faltaría más, también se inmiscuye entre los dibujos.

El Arte Prerrománico está muy dividido y presenta características peculiares en la Arquitectura según la región, pudiendo hablar de Arte Carolingio o Visigótico, por ejemplo. Pero estas diferencias no son tan evidentes en los libros miniados, porque dependían de una minoría culta para su realización, y ésta tenía contactos entre sí que salvaba las distancias geográficas, por lo que las creaciones van a ser más homogéneas. Guardaban rasgos comunes, como el rico cromatismo o el esquematismo de las figuras, que no buscaban el naturalismo sino el expresionismo. El relato de la historia de Adán y Eva de la Biblia de Carlos el Calvo (06) es una narración gráfica del siglo IX, en concreto de 846. Pueden leer las imágenes, no es necesario siquiera traducir el texto que le complementa, como a cualquier narración gráfica que se precie.

(05) Pentateuco Ashbornnham o de Tours, s. VII,
Biblioteca Nacional, París
Dentro de los libros miniados hay un grupo especial denominado beatos. Se designa así a los manuscritos que nos trasmitían los Comentarios al Apocalipsis de San Juan (07) atribuidos al Beato de Liébana. Estaban inducidos por sentimientos milenaristas de la proximidad del fin del mundo y debían constituir un instrumento para disponer los espíritus a ese propósito. No obstante lo que ha dado verdadera fama a los beatos es su rica ilustración. Son libros que van desde el siglo X al XIII. Se conservan 27 beatos, de los cuales 24 tienen miniaturas de rico colorido y carácter narrativo, con dibujos enmarcados en viñetas, que a veces contienen texto, y unas bandas horizontales que guían la vista del lector.

(06) Historia de Adán y Eva,
Primera Biblia de Carlos el Calvo,
hacia 846, B. Nacional, París

(07) Los cuatro jinetes del Apocalipsis,
Beato de Liébana
Y hasta aquí la primera parte, dejaremos el románico y el gótico para el siguiente capítulo.


viernes, 28 de abril de 2017

El largo viaje del LSD al ADSL

Por azares de la amistad y de la vida literaria ha caído en mis manos uno de los libros que más me ha sorprendido en mi vida de lector y que lleva por título el de este artículo.

Este Largo viaje es una novela políticamente incorrecta, lo cual hay que advertir de inicio ya que hoy en día la gente que se expresa en público tiene que medir cada palabra que dice, por si hay algún colectivo que pudiera sentirse ofendido. Así que advierto, en este libro se maltratan animales, se glosa la ludopatía, hay muertes escabrosas, asesinatos cruentos, drogas, alcoholismo, yonkis, prostitución, gallegos, catalanes, abulenses, inmigrantes y otras gentes de mal vivir. Pero una vez superados los prejuicios, nos encontraremos con una lectura atractiva y adictiva.

Con mucha ironía, se retrata a un autor consagrado, un autor muy pagado de sí mismo, Toni Tonelada, que va de recital en recital, desplegando generosamente su arte, con la resignación del que se sabe en la cumbre y está ante ignorantes. En el desarrollo de la novela, Toni, cansado de su rutinaria vida de divo, decide embrutecerse y, en este camino, pasaremos las páginas más hilarantes; acudirá a estadios de fútbol, a hablar con gente de la calle, a discotecas, etc., acabando su embrutecimiento como asesino. Se echa una mochila a la espalda y hace auto-stop, con la idea de matar a todo conductor que lo recoja. Idea que lleva a cabo prolijamente, para horror de los ojos lectores.

Presentación en el Café del Mercado, Ávila, el 20 de abril
Paralelo a la evolución de Antonio/Toni a Hank, tenemos el contrapunto en el personaje de Enrique, que evoluciona a Henry. Es una persona normal que quiere ser escritor y, sobre todo, es un gran admirador de Toni Tonelada y aprovecha para iniciar su carrera un golpe de fortuna: recibe una herencia por la muerte de su madre, pudiendo dejar su trabajo como tanatopráctico, para dedicarse a su pasión por escribir.

El ascenso de Enrique a Henry, se realiza de forma peculiar. Analiza la obra de su escritor admirado hasta llegar a una novela singular, La vuelta al mundo en 80 tilas, en la que descubre que Toni utiliza el asesinato como parábola existencial y ello le da una nueva forma de ver el crimen, “hace que te apetezca probarlo”. Así inicia su carrea como asesino de autoestopistas, a los que recoge conduciendo su coche. Y de esta forma se cruzará ineludiblemente con su ídolo, el Hank autoestopista, asesino de conductores.

Ninguna foto hará justicia a la divertidísima presentación
Pero eso no es más que el esqueleto donde Ánzoni articula su rica prosa, la cual es la que lleva al lector embelesado desde el comienzo al final, nunca esperado, del relato. Él me decía que a su novela le falta el haber lanzado un gancho argumental que mantenga al lector interesado en saber qué es lo que va a pasar y en buscar el desenlace final; pero es que no le hace falta, pues la novela se deja leer por sí sola.

Cervantes en El Quijote, introduce variado material literario que no tiene nada que ver con el argumento general de la novela. Así pone muchos poemas intercalados y varias novelas, ya sean leídas por los protagonistas, o interpretadas ante ellos. Recordemos a El Curioso Impertinente, a la pastora Marcela y Grisóstomo, a Luscinda y Cardenio o la historia del cautivo. Ánzoni de la misma forma introduce poemas, los propios de Toni Tonelada y varias novelas, relatos y películas: Sus poemas rudimentarios y su Trilogía de Lorca, Paula (guión cinematográfico basado en un cuento de Toni Tonelada), Re-cuerdas (obra teatral de Toni), la Novela Negra Chueca, Apocaelíptica (ciencia ficción sobre el fin del mundo), su relato Never and never nevera, o el cuento de la serie Fábulas Fabulosas Tirita la ratita rita, entre otros.

Ánzoni, enmascarando con un seudónimo su auténtico nombre
La alusión a El Principito, es mucho más literal. Al igual que el personaje de Antoine de Saint-Exupery visita planetas, el personaje de Ánzoni visitará bares. El primer planeta estaba habitado por un rey con un gran manto de armiño, que se corresponde con el bar de la esquina que visitará Enrique, El Rey del Pulpo. En el segundo planeta del Principito hay un vanidoso que necesita que continuamente le admiren; pues el segundo bar es la Cafetería Vanity, donde una actriz cincuentona, muy admirada, frustró su carrera por no saber llorar. Y así hasta que en el séptimo planeta el Principito visita la Tierra y Enrique inicia un viaje alrededor de nuestro mundo, que no es otro que la Tierra.

No puedo resistirme a señalar alguno de los abundantes juegos de palabras que tanto me han hecho reír a mandíbula batiente. Desde el llamativo título, El largo viaje del LSD al ADSL, a las apuestas apestosas o cuando muere la madre de Enrique dejándole la herencia: “Gracias a su desgracia, su entierro desenterró aquella pequeña lluvia de fortuna”. Su anhelado lado escritor, los cuentos cruentos y varios desvaríos, los albañiles desolados que solaban, la cefalea que me malea o su cuento Tirita la ratita Rita, la cual un buen día tuvo un mal día y que acaba con la moraleja de “no vivas en La Moraleja”.

La última gran referencia literaria es Niebla de Unamuno, al cual le dijeron que lo que había escrito no era una novela, ya que se apartaba de los cánones clásicos del género y que el zanjó estando de acuerdo y diciendo que, efectivamente, no era una novela, que era una nivola. En esta nivola publicada a comienzos del siglo XX el personaje protagonista busca a su autor, Miguel de Unamuno, y habla con él de su propia vida inventada y le consulta sobre su destino. Y no puedo contar nada más del argumento pero me atrevo a decir que El largo viaje será la gran nivola de comienzos del siglo XXI.

Termino aquí, emplazándoles a que localicen este libro y lo devoren con fruición. ¡Ah, y no se pierdan la magnífica ilustración de su portada de José Torresano!

martes, 18 de abril de 2017

Leyendas según los abulenses

Ya está aquí, ya llegó el último libro colaborativo de la asociación “La Sombra del Ciprés”, una colección de leyendas populares revisadas, que rinden homenaje al libro “Leyendas de Ávila”, que publicó José Belmonte en 1947 y que sigue a la venta.

Intentaré reseñar brevemente su contenido para que los lectores sepan qué van a encontrarse, ya que es de lectura obligatoria para pasar un buen rato. Lo presentaremos el viernes 21, en El Episcopio, a las 19:30 horas.

1.- Donde una puerta se cierra… Licerio se acaba de jubilar de su trabajo en Correos.  Va a disponer de mucho tiempo libre, pero las cosas se le complican. Un relato excelente con un final sorpresivo. Antonio García Palacios se estrena como narrador de forma brillante.

2.- El niño de la guardia. El auto de fe que dio lugar a la expulsión de los judíos se celebró en Ávila, a instancias del inquisidor Torquemada. Parece que hoy en día aún están los fantasmas merodeando. Nos lo cuenta José Peñalver de manera muy amena.

3.- El enigma de nos pillaron en SOL 4 SETSOP. Pues sí, es un verdadero enigma, pero lleno de desenfado. ¡Esta juventud! ¡Qué paciencia! ¡Santa Paciencia! Sonsoles Pindado da una vuelta de tuerca a una famosa escapada de tiempos pretéritos de un par de críos abulenses.

4.- Aunque os pese… El punto de vista romántico eleva la temperatura de la famosa leyenda “Aunque os pese la veré”, relatada en la época en que ocurrió, aunque no tal y como sucedió. Magnífica como siempre Paula Velasco.

5.- ¿A do vas tan pungida, Rosita? Pues resulta que Rosita es la hermana de la Santa Barbada y la relación fraternal no es nada fraternal. Ojo, la visión de Rosita de los hechos dará que hablar, pues por medio hay un caballero y un caballo que… No puedo seguir. El humor de los microrrelatos del genial Pablo Garcinuño en una leyenda un poco “en mal estado”.

6.- El caso del caballero que se hizo monje. Con esta leyenda debería haberse montado una novela histórica, pero no, Guillermo Buenadicha da un giro de guión y nos cuenta una novela negra, llega de intriga. Su erudición manifiesta no evita alguna referencia actual.

7.- La sultana de ojos negros. Estamos en el año 2004 y la historia parece que se repite. En el Medievo hubo una sultana de ojos negros, llamada Aixa Galiana, en nuestros tiempos también. Además de un alcalde, un concejal… Este es el relato por el que Sergio Sánchez será desterrado de su ciudad, pero que nadie debe dejar de leer. Impagable.

8.- Jimena Blázquez. Una mujer valiente, un destino. ¿Es leyenda? ¿Es historia? Es la historia de la más famosa leyenda de la ciudad, desgranada magistralmente en forma de relato épico por el gran César Díez Serrano.

9.- El judío converso. José Belmonte nos narra “La conversión del judío”, pero Carolina Ares le da una vuelta de tuerca, trae el relato a nuestros días y nos relata dos leyendas, la de un judío, profesor de Historia del Arte, que motiva a sus alumnos, y la más asombrosa de todas las leyendas: la del Museo del Prado en Ávila.

10.- Firma la petición de la Jaca Paca. La Jaca Paca es una de las más famosas mulas de la Historia y sueña con algo muy peculiar, el Paseo de la Fama en el jardín de San Vicente de Ávila. Anda, no te cuesta nada, firma su petición y de paso conoce su historia. Blanca I. López Tejada te da magistralmente todos los detalles.

11.- El alfarero de Santiago. Fue una noche aciaga la del 23 F. Si lo sabrá bien Perucho, alfarero que vio cómo su taller era invadido por… Mejor le dejamos a Begoña Jiménez Canales que nos cuente qué relación tiene su leyenda con la historia conocida como “Farsa de Ávila”.

12.- La falsa profecía. Pasar del LSD al ADSL tiene un largo camino, el mismo que necesitarás para conocer a la congregación de la Iglesia Adangelista del Penúltimo Ángel. Ánzoni Martín será telonero de la presentación de nuestro libro de leyendas, pues el 20 de abril, presenta su primera novela, destinada a no lectores. El 20 a las 20 en el Café del Mercado. El 21 a las 19:30 en El Episcopio.

13.- La venganza del abuelo. ¿Qué tendrán que ver Íker Jiménez y Pablo Motos con la basílica de San Vicente en Ávila? Bueno, esta es mi leyenda y está en verso. Si no os escandalizáis, seguro que os echáis unas risas. (En el intermedio visitad mi web)

14.- El príncipe que murió de amor. ¿Se puede morir de amor? Pues eso sucedió con el príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos. Veremos si sucede lo mismo con el heredero de una gran cadena de hoteles: «Tanto monta, monta tanto, Resort & Spa». Ismael López en estado de gracia.

15.- La puerta que no existe nunca se cierra. “Donde una puerta se cierra, otra se abre”, dice la leyenda abulense. Así como abre este libro, lo cierra también esta leyenda, con un giro a la esperanza en un cuento brillante, del magnífico Alejandro Pérez.

Todo esto, además, precedido de un prólogo a cargo de Sonsoles Sánches-Reyes que glosa la obra de José Belmonte, unas ilustraciones de Juan Luis del Pozo, que recrean la ciudad y sus monumentos con elementos rompedores, y la magnífica portada diseñada por la artista Gris Medina (¿de qué me suena el apellido?).

jueves, 30 de marzo de 2017

Elicio Iborra, detective privado

Agustín Nieto, parado de la construcción:

Elicio […] no siempre ha sido un triunfador, pero antes se llevaba a las chicas de calle, aunque no tuviera el uniforme que tiene ahora. Entonces rondaba los veinte años, hoy tiene ya treinta y nueve. Era alto, con la cabeza grande, como un buque. Bueno, igual, igual que es ahora. Aunque no era guapo, tampoco era listo. Igual, igual, que ahora. Pero triunfaba con las mujeres. Claro, él tenía una moto y los demás no.

Ricardo Bolaños, policía local:

Cuando yo conocí a Elicio, no llegué a comprender cómo había podido aprobar la oposición de ingreso en la Policía Local. Cierto es que sí tiene forma física y está sobrado de estatura, pero, ¿cómo pudo pasar los test psicológicos y, sobre todo, las cuestiones sobre legislación y el temario del cuerpo?

Primitiva Materos, sin ocupación conocida (ni desconocida):

Ahí estaba, el muy idiota, sonriendo, repanchingado en el sofá, con los pies cruzados sobre la mesita del salón y los dedos de las manos acordonados arriba del mondongo.

Samanta Galán, trabajadora social:

Mis expectativas crecieron sin medida cuando recibí la llamada de Elicio. En verdad me creí que era un detective privado […] Después de intercambiar las primeras palabras con él fui consciente de que ninguna ayuda podía esperar de alguien… ¿Cómo decirlo? ¿Tan retrasado…? Bien es verdad que hubo muchos detalles de nuestra conversación telefónica que podían haberme avisado antes, pero yo no los advertí. No hay más ciego que el que no quiere ver.

Elicio Iborra, policía local (y detective privado por vocación):

Yo estaba allí, en la comisaría, sentado en mi butaca giratoria de piel, con los pies cruzados encima del escritorio. Tenía los dedos de las manos entrelazados sobre el pecho y el torso recostado. Mi postura me daba un indudable aspecto interesante.

¿Quién es en realidad Elicio Iborra? Puedes conocerlo más a fondo, pues es el protagonista de mi última novela: “Operación Caipiriña”. Y no te costará nada, ya que está publicada a través de Valbo, en el sistema de descarga gratuita, sin ninguna contraprestación, como publicidad ni nada por el estilo. Además lo que te ofrezco no es un capítulo, sino la novela completa, para que puedas leerla con toda comodidad en tu libro electrónico, tableta, teléfono u ordenador. Solo te ruego a cambio que, si te gusta, se la regales a tus contactos, compartiendo el siguiente enlace de descarga:



Y dentro de poco en formato impreso.

martes, 14 de marzo de 2017

El orgullo de enseñar nuestra ciudad

A punto de sacar un nuevo libro colaborativo la Asociación “La sombra del ciprés”, quiero compartir un relato mío del anterior: “El mundo según los abulenses vol.2”.

Fue cosa de mis padres, que me dijeron que venían unos primos, que ni siquiera eran carnales, que vivían en Cádiz y que se acababan de casar, y yo tenía que enseñarles nuestra ciudad. Mi primera reacción fue de disgusto, porque esa tarde había quedado, pero luego me pudo el orgullo ya que, sabiendo lo hermosa que es Ávila, iba a presumir de lo lindo. Les dejaría con la boca abierta a esos andaluces inoportunos.

Fuimos andando para que pudieran disfrutar tanto del paseo como de las vistas. Durante el cual mi prima no abrió la boca, al contrario que mi primo, al que no había manera de cerrársela. Cada vez que lo recuerdo, me pongo de los nervios.

Entramos por la puerta de la Santa y les enseñé la fachada de la iglesia que tiene el convento, tan majestuosa, e incluso les hablé del arte Carmelitano precursor del Barroco.

–Para barroco hermoso, el de la Catedral Nueva de Cádiz –dijo mi primo–, que tiene una fachada luminosa y movida que desluce a esta tan recta y seca.

–Ya, ya –dije yo–, si aquí también tenemos Catedral, y una de las primeras del gótico, pero la veremos más tarde. En este lugar vivió Teresa de Cepeda, una de las grandes santas del catolicismo.

–¡Ah! Santos y cantos. ¿Es el lema de esta tierra, no? Claro…

Iba a responderle, pero no me dio lugar, ya que comenzó a hablarme del laicismo, del racionalismo, de la Ilustración y del avance de las ciencias, de las cuales su tierra era abanderada. Así que ni siquiera entramos en la iglesia. Debido a la deriva que tomó la conversación no me atreví a proponérselo.

Entonces subimos por el paseo del Rastro y les mostré las vistas del Valle Amblés, a lo que mi primo contestó describiendo las vistas que había desde la Punta de San Felipe en Cádiz. Y lo hizo de una manera tan gráfica que, aunque nunca he estado allí, me parece que ya lo conozco.

Pero esto no podía ser. Yo comenzaba a cabrearme en serio. A mis primos no parecía importarles el esfuerzo que yo estaba haciendo para mostrarles mi bonita ciudad, sino que cualquier cosa les servía como excusa para hablarme de la suya.

Mientras disfrutábamos de la placidez de caminar por el Paseo del Rastro en una tarde soleada apenas hablé, dándole ocasión a mi primo de describirme al detalle su tierra. Mi prima, sin soltar palabra y agarrada a su brazo, lo miraba con los ojos empañados de emoción. No sé cómo me di cuenta del detalle, ya que los míos, mis ojos, estaban fijos en el suelo, buscando una lata a la que darle una patada con intención de que él la rematara de cabeza.

Llegamos al Grande y les hablé de la espaciosa y soleada plaza, sin intención siquiera de criticar el Moneo… No hizo falta, mi primo me describió la magnífica plaza donde se encuentra el Ayuntamiento de Cádiz, que empequeñecía a esta.

Cuando entramos por la puerta de la Muralla, yo les mostré orgulloso la estatua pedestre de Adolfo Suárez y les dije que nuestro paisano es el que trajo la democracia a nuestro país y fue el artífice de la Constitución de mil novecientos setenta y ocho.

–Pues en Cádiz tuvimos la primera constitución de la Historia de España –respondió el primito, mirándome a mí en lugar de a la estatua, a la cual ignoró soberanamente–, la famosa “Pepa”, que fue la que de verdad trajo la modernidad a España, allá por mil ochocientos doce, cuando en la meseta aún estabais destripando terrones.

Decidí que había concluido la visita, que ya no iba a mostrarles más. Así que, para intentar olvidarlo, les llevé de tapas a costa de mi dinerito, que tan escaso rebaño en los bolsillos. Y, mientras se trasegaban un Ribera del Duero de crianza, con sus patatas revolconas y torreznillos, mi primo no dejó de hablar del la manzanilla y del Jerez, del atún pescado en almadrabas o de las malditas frituras de pescado.

Deseando concluir con esa peregrina experiencia, decidí subirles a las murallas, monumento majestuoso, que no tiene parangón en el mundo, incluido Cádiz. Pero ahí estaba mi primo a la que salta:

–Sabrás que todas las ciudades antiguas tenían murallas, y las más antiguas, como Cádiz que fue fundada por los fenicios hace más de tres mil años, ha tenido fuertes murallas para detener los ataques tanto por mar como por tierra. Así resistieron el asedio de los franceses, cuando la Guerra de la Independencia y ahí está, como si no pasaran los siglos, el castillo de Santa Catalina…

–No hace falta que paguéis –le corté la enésima disertación…–, yo os invito a la subida a la muralla.

Pero no se calló mientras yo pagaba, al igual que cuando luego salimos a las almenas. En lugar de mirar las arquivoltas de la Catedral o la majestuosa basílica de San Vicente, continuó hablando del castillo de Santa Catalina, del de San Sebastián, del Baluarte de la Candelaria, e incluso, sin venir a cuento, de los gigantescos Pilones de no sé qué y del nuevo puente sobre la bahía, con sus cinco kilómetros de longitud que dejaban pequeños a los dos kilómetros y medio que ciñen nuestra muralla.

Así que le juro, señor policía, que cuando mi primo se cayó por una almena fue algo fortuito y que yo no lo empujé. Seguro que estas gentes que viven al borde del mar no están acostumbradas a las alturas. Confío en que usted, que también es de Ávila, sin duda me comprenderá.

Si os ha gustado, podéis pinchar en estos dos enlaces de dos compañeros  con los que compartí libro, Paula Velasco y Sergio Sánchez, cuyos blogs os invito a conocer:


martes, 28 de febrero de 2017

Más allá del Darién

El pasado 17 de febrero tuve las satisfacción de participar en la presentación de la novela de Humberto Mendoza “Más allá del Darién”. Este simple hecho, además de mi amistad con el autor, serían motivos para no hacer una reseña de su novela y así no pecar de parcialidad; pero me atrevo a realizarla ya que, como dije allí, la novela me ha gustado sinceramente y para mí es un placer hablar de ella.


Humberto Mendoza Ruiz de Zuazu es un médico de origen nicaragüense que reside en Ávila desde hace unos cuantos años, ciudad con la que no tenía ninguna vinculación anterior. El hecho de encontrarse con un busto de su paisano Rubén Darío en el Jardín del Rastro, le hizo tenerle simpatía a su ciudad de acogida. Esta simpatía se intensificó con otro encuentro en el Jardín del Recreo, esta vez con un ídolo prehispánico, el cual fue regalado por el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica a la ciudad de origen del descubridor europeo del país centroamericano: Gil González Dávila, un abulense, militar y explorador, que se empeñó en localizar un canal que uniera el Mar del Norte (Caribe) con el Mar del Sur (Pacífico). Este encuentro y la comprobación del poco conocimiento que se tenía en Ávila de Gil, le llevaron a Humberto a investigar sobre su historia y el resultado es la novela que lleva el título de “Más allá del Darién. En busca del estrecho”.

Humberto Mendoza no escapa a su formación científica y el acercamiento que hace al tema es a través de la ciencia, la ciencia histórica. Recopila datos, realiza esquemas cronológicos, estudia genealogías, investiga en archivos, se pone en contacto con historiadores; pregunta y reconstruye, escribe y reescribe. Su objetivo es el conocimiento exhaustivo de la historia que persigue.

La novela comienza con un encuentro, que cronológicamente está en la mitad de la historia que se narra. El encuentro entre Gil González Dávila y el cacique Nicarao. Es un hecho histórico que el 5 de abril de 1523, en las costas del gran Lago Cocibolca, tuvo lugar la entrevista entre el explorador abulense y el cacique más respetado y con mayor poder de la zona. Se sabe qué es lo que preguntó Nicarao a Gil, pues lo cuentan las crónicas de la época y el autor lo reseña de una forma fidedigna y literal, debido a su afán de no falsear los datos ciertos que se conocen. Y de este episodio se tiene constancia porque el contador real Andrés de Cereceda estuvo presente y reseñó estas preguntas que luego recogieron las crónicas. Ciertamente Gil se sorprendió de la altura filosófica de algunas de las cuestiones, que versaban tanto sobre religión, como sobre filosofía o astrología. A modo de ejemplo referiré una: “Quiero saber sobre el soplar de los vientos, la causa del calor y del frío, y la variedad de los días y las noches y, si se puede sin culpa, comer, beber, engendrar, cantar, danzar, ejercitarse en las armas”.

A partir de este encuentro, que es minuciosamente relatado, no solo en cuanto a la entrevista, sino también por la descripción de los ejércitos y los pueblos implicados, se genera en el lector un interés por saber quiénes eran unos y otros. Cómo era el país centroamericano y cómo eran los conquistadores venidos de allende los mares. De estos hilos tirará el autor para describirnos ambas culturas, para ponernos en antecedentes de la vida personal de Nicarao y de Gil y para llegar al inicio de la expedición, que concluye con el famoso encuentro. Pero ahí no acaba la historia y desde ahí continuará Humberto contándonos qué es lo que pasó después. Qué ocurrió con la expedición de Gil y las luchas con los distintos pueblos centroamericanos y entre los mismos conquistadores, que no fueron menos cruentas que las otras.

Nos hablará de las dos posiciones que tomarán los caciques frente a los extraños visitantes, resumidas en el intento de pactar, que representa Nicarao, y el enfrentamiento más frontal que encarnará otro cacique, Diriangén. Nos narrará los derroteros de la guerra hasta la vuelta última de Gil a su patria. Nada más quiero contar del argumento, para invitar a conocerlo directamente a través de la lectura de la novela.

Pero sí que quiero reivindicar la figura de Gil, por su carácter conciliador y nada sangriento, en oposición al tirano monstruoso que fue su oponente, Pedrarias. También son reseñadas otras figuras históricas como Núñez de Balboa, Pizarro, Francisco Hernández de Córdoba, el capitán de Cortés Cristóbal de Olid o el mismísimo Hernán Cortés. Humberto nos da cumplida información de lo ocurrido, rellenando las lagunas –licencia literaria– con la imaginación. Narrando, por ejemplo, la infancia de los protagonistas o las conversaciones entre el joven Gil y el obispo Fonseca, por las calles de Ávila, hablando de su historia y sus leyendas. Pero no nos miente, ya que nos indica en los apéndices finales qué es lo que ha reconstruido y qué es lo que ha recogido fielmente de las fuentes.

Todo ello es una invitación a conocer más, a acercarse a la apasionante historia del encuentro de dos continentes, de dos civilizaciones, que provocaron un parto doloroso de naciones nuevas, las cuales se enriquecieron con lo mejor de ambas culturas y mezclaron sus sangres para crear genealogías mestizas, de las que debemos sentirnos orgullosos. Sobre todo si lo comparamos con lo ocurrido en tierras más al norte del mar Caribe.

Finalizo con las mismas palabras que dije en la presentación, de la que no me resisto a apuntar que fue un auténtico éxito de convocatoria, haciendo un símil entre el encuentro entre Gil y Nicarao y el encuentro entre Humberto y el ídolo precolombino del Jardín del Recreo, para concluir agradeciendo a Humberto el habernos regalado esta historia.

lunes, 13 de febrero de 2017

Nacer y morir

Solo hay nacer y morir, lo demás es cosa vana. Cuando llegó esta frase a mí, ya tenía medio escrita mi novela, que toma el título de ella. Se la oí en una conferencia al historiador Serafín de Tapia, que la había rescatado de unos documentos en boca de una judíoconversa del siglo XVI. La resignación que evidencia, procede de una mujer a la que le habían prohibido seguir con sus creencias, si no quería dejar su ciudad, a sus vecinos, su país y su proyecto de vida. Me pareció que la frase resumía perfectamente el espíritu de la novela y, en cuanto tomé la decisión de titularla “Lo demás es cosa vana”, no volví a dudar sobre el título, era ese con toda claridad.

Desde entonces he reflexionado mucho sobre su significado. Sólo hay dos certezas en la vida, que se nace y que se muere, al resto no debemos darle más importancia, pues no la tiene. Cuando me he enfrentado a algún reto vital significativo, me he preguntado ¿qué importancia tiene si voy a morir un día? Y me ha servido.

Pero, ¿cuándo nacemos? Nadie es consciente de ese momento. Yo tengo apenas dos recuerdos anteriores a los cinco años, dos imágenes, y son tan borrosas que incluso dudo de si no me las he inventado oyendo contar anécdotas a mis mayores. Dos, nada más. Ni siquiera me reconozco en las fotos de entonces. Después de eso, el primer recuerdo claro que tengo en mi vida es ser consciente de que estaba viviendo y me ocurrió ya con los cinco años cumplidos. Me miré la mano derecha, pequeña, regordeta de niño, bien formada y me di cuenta de que era mía y de que yo existía. Pensé que la mano era una herramienta con la que podía hacer cosas, que tenía toda una vida para desarrollar actividades con ella. Tengo la imagen tan clara, que ha sido recurrente a lo largo del tiempo y alguna vez he vuelto a mirar mi mano, para preguntarme si estaba cumpliendo mis expectativas.

Confieso que he sido creyente. Creyente sincero y convencido. Pero hace muchos años ya que decidí que no seguiría creyendo. Y fue eso, una decisión. La fe no es más que un acto de la voluntad. Se cree o no se cree porque se quiere. No hay más. Yo me di cuenta de que todas las religiones niegan a las demás y eso me presentaba un dilema moral, al pensar en esas pobres gentes que no creían lo mismo que yo, hasta que me di cuenta de que tal vez la pobre gente podría ser  yo, si ellos tenían razón. Pensé también que si Dios existía era muy cruel, porque no nos ponía las cosas claras. Si Jesucristo nació y fue humano, ¿por qué no dejó por escrito sus leyes? Era culto, sabía escribir, ¿por qué no nos dejó su firma? ¿Nos quería en un mar de dudas o no quería que creyéramos en una religión? ¿Por qué todas las religiones han nacido a través de intermediarios humanos? En cuanto la duda se asomó y profundicé en la ciencia histórica, me di cuenta de cómo las religiones manipulan a las personas.

Igual que no puedo dar testimonio de la existencia de Dios, tampoco puedo dar fe de su inexistencia. Me falta arrogancia para eso y tan solo me queda la esperanza, que no la fe.

Respeto totalmente a los que creen, pero no respeto a los que quieren imponer sus creencias, en el sentido que sea. Y exijo el respeto ante mi postura de ser no creyente. Hay que relativizar las creencias, pues no tienen importancia alguna, ya que no se basan en nada sólido, sino en la voluntad arbitraria. En el auto convencimiento. Y por ello deben quedar en la vida privada, sin hacer ostentación por respeto a los demás. En el mundo globalizado en el que vivimos la convivencia solo es posible en el laicismo, con el máximo respeto a las creencias de los demás, mientras éstas no sean denigrantes o injustas.

Ante la muerte cierta, que ya me está esperando a la vuelta de la esquina al haber consumido la mayor parte de mi vida, estoy a las puertas de mi segunda gran verdad. Ya que nací, moriré y lo demás no importa.