lunes, 14 de mayo de 2018

El Inmaterial


Uno mismo no puede reseñar sus libros. Sería hacer trampas, convirtiendo la reseña en mera publicidad. Esto desde luego no es una reseña, aunque lo etiquete así, y procuraré por todos los medios conscientes que no sea publicidad. Pero me gustaría hablar de mi primera novela y explicar de qué va y cómo surgió. O, al menos, contar una historia que tenga como referente mi iniciación en el oficio literario.

Yo jamás pensé que un día sería escritor, que disfrutaría escribiendo, que publicaría y que vendería novelas. Cerca de los cincuenta años me di cuenta de que disfrutaba con ello. Primero me probé escribiendo un ensayo sobre lo que era mi pasión declarada, la narrativa gráfica, los tebeos, que ahora estoy reescribiendo para este blog. Eso fue en 2006. Después di el salto y me atreví con una novela, El Inmaterial, publicada en Bubok en impresión bajo demanda en 2008, y que ahora, coincidiendo con el décimo aniversario, reedito, actualizada y corregida, sobre todo en estilo.

En aquel lejano año, no sabía si sería capaz de acabarla o si vendría una segunda y tercera novela, como así ha sido. Por lo que decidí darlo todo y el proyecto fue ambicioso. Mucho. Volqué todo mi conocimiento, toda mi filosofía y todo mi interés, a riesgo de pasarme de frenada.

El primer escollo que me surgió fue decidir quién sería el narrador de la historia y no fui capaz de arrancar hasta que lo resolví. Más bien decidí que ese narrador sería la clave de la novela. Luego vino el argumento, que es a lo que le di menos importancia. Siempre he defendido que en una novela el factor más insignificante es el argumento y suelo emplear el ejemplo del Quijote. ¿Puede concebirse un argumento más simple que un lector que se cree las historias fantasiosas que lee y quiere ponerlas en práctica? Pues Cervantes con algo tan sencillo intentó una novela corta, del tipo de La Gitanillla, Rinconete y Cortadillo o el Licenciado Vidriera. Simples anécdotas para hacer pasar al lector un buen rato. Pero don Miguel se cebó. Después de acabar la novela corta con la primera salida del Quijote a hacer sus locuras se quedó con ganas de más y escribió una segunda salida mucho más larga. Así nació la novela moderna. Años más tarde, debido al éxito de su obra, y un poco para reivindicar el personaje que había sido plagiado, escribió la segunda parte del Ingenioso Hidalgo. Y ahí surgió la obra cumbre de la literatura hispana, a pesar de la ridiculez de su argumento.

Bueno, pues yo ingenié un argumento, del cual no puedo desvelar nada, ya que la historia da giros inesperados, convirtiéndose varias veces en algo distinto a lo que el lector pensaba que estaba leyendo. Esto me preocupó, temiendo que alguno de los giros pudiera defraudar o hacer sentir rechazo.

Fue algo experimental y no estaba seguro del resultado. Pero la novela creció y lo cierto es que me sorprendió. Sobre todo estuve encantado con todo lo que disfruté imaginándola y escribiéndola. Me obsesionaba. A todas horas la tenía en la cabeza dándome vueltas hasta que la concluí.

Me puse el mundo por montera y envié mi obra a todas las editoriales grandes, impresa y encuadernada en alambre. Una tras otra me rechazaron. Entonces me desilusioné, pero no desistí, recurrí a la autoedición. Conocí por una entrevista a una empresa recién fundada, llamada Bubok, que ofrecía los libros en impresión bajo demanda y no requería realizar más inversión que pagar el ISBN y los cuatro libros del depósito legal. A partir de ahí, cada ejemplar se imprimía para cada comprador. La maqueté, realicé una rudimentaria portada y me imprimí algunos ejemplares que ofrecí a mis amigos, comprometiéndoles a comprarlos.

La experiencia fue agridulce. Aunque estaba muy satisfecho con la obra realizada, me di cuenta de que algunos pasajes estaban subidos de tono y me avergonzó que lo leyeran algunos lectores que me la compraron. Entonces los suavicé cambiando el texto cada vez que realizaba alguna corrección. No sé si esto está bien, pero realicé muchas relecturas y en cada una cambiaba la maqueta para los siguientes lectores que demandaran su impresión. Este tipo de edición me lo permitía.

Primera portada
La idea de la portada era atraer compradores, por lo que utilicé un reclamo sexual, con una mujer desnuda vista a través de una cerradura, que era una metáfora del argumento. De ese del que no puedo hablar. Así, además, avisaba de algunas escenas tórridas narradas. Más adelante intenté perfeccionar un poco la rudimentaria portada, aunque manteniendo su esencia.

Y ahora vuelve a salir a la luz, renovada. Quise evitar la portada que entendí que me sonrojaba y podía apuntar a lo que no era la novela y se la encargué a una gran ilustradora y artista: Gris Medina. La tenía en casa, pero es una auténtica profesional y la recomiendo a todos mis amigos escritores y también a los escritores que aún no sean mis amigos. Seguro que no les defrauda. Aquí dejo su web: http://grismedina.mbit.ga/ y su Instagram: https://www.instagram.com/grismedinaart/.

El Inmaterial es una obra muy diferente a mis otras dos novelas posteriores. A Lo demás es cosa vana, novela histórica, de aventuras y amoríos, y también a Operación Caipiriña, una novela negra con humor, que escribí con el sano propósito de divertirme.

Y esa es la historia. La otra, la que cuenta El Inmaterial, hay que leerla y no puedo adelantar más que su temática es el misterio, aunque no puede encuadrarse en ningún género. Por si alguien quiere curiosear el precio, aquí tiene el enlace: https://www.bubok.es/libros/2539/El-Inmaterial. La empresa funciona muy bien, es fiable y no tardan en enviarla al domicilio del comprador. O también puede encargarla en cualquier librería y así evitar los gastos de envío.